Decididos, pero no provocativos

Os vuelvo a compartir hoy un comentario de José Aldazabal a las lecturas de hoy, no puedo negar que me encanta su estilo, pero hoy especialmente. Espero que a vosotros también. Los subrayados son míos.

1. I Reyes 18,20-39

a) Es una escena de película la que leemos hoy en el libro de los Reyes, con Elías luchando en solitario contra 450 sacerdotes del falso dios Baal. Estos sacerdotes se sentían apoyados por Jezabel, fenicia, adoradora de Baal, y a su vez apoyaban a la reina y al rey en todos sus caprichos y fechorías. 

Elías, auténtico «campeón de la causa de Dios», lanza un atrevido reto a todos y provoca, con una escenificación espectacular y un lenguaje de mordaz ironía, el triunfo clamoroso de Yahvé. 

Lo principal es la llamada al pueblo para que abandone la idolatría y se decida: «¿hasta cuándo vais a caminar con muletas?; si el Señor es el verdadera Dios, seguidlo; si lo es Baal, seguid a Baal». Parece que su acción tuvo buen resultado, porque, al final, todos exclamaron: «¡el Señor es el Dios verdadero!». Aunque la conversión no duraría mucho. 

b) Este estilo de Elías no es el de Jesús. Lo que hizo el profeta es «tentar a Dios», cosa que Jesús desautoriza expresamente. A Jesús no le gustó que sus discípulos quisieran hacer bajar fuego del cielo porque en un pueblo no les habían recibido. No aprobó que Pedro sacara su espada para defenderle. (El viernes escucharemos cómo Dios le dio a Elías una buena lección sobre su carácter). 

Jesús actuaba mucho más suavemente, por persuasión. Y dio a su Iglesia el encargo de ser como el fermento oculto que actúa desde su sencillez. O como la semilla que fructifica silenciosamente en el seno de la tierra. 

Así debe ser el estilo de nuestro testimonio en medio del mundo: valiente, pero no espectacular; decidido, pero no provocativo; lúcido contra los Baales de nuestro tiempo, pero sin escenificaciones teatrales y triunfalistas. El estilo humilde y eficaz de la sal que da gusto, de la luz que alumbra. 

Además, apliquémonos nosotros mismos y transmitamos a los demás el serio aviso de Elías: no debemos «ir con muletas», o sea, jugar con dos cartas, encendiendo una vela a Dios y otra al diablo, oscilando entre el Dios verdadero y los falsos dioses que nos fabricamos o que aceptamos del ambiente que nos rodea. Hemos hecho la opción por Cristo Jesús y se tiene que notar en nuestra coherencia de vida. No podemos servir a dos señores. 

No queremos ser como aquellos de que habla el salmo de hoy, los que «multiplican las estatuas de dioses extraños». Más bien, de los que pueden afirmar: «yo digo al Señor, tú eres mi bien... el Señor es el lote de mi heredad y mi copa, con él a mi derecha no vacilaré».

2. Mateo 5,17-19

a) Jesús, en el sermón de la montaña, compara el AT con el NT: un tema que no resultaba nada fácil para los primeros cristianos. 

Jesús criticó repetidas veces las interpretaciones que se hacían de la ley de Moisés, pero no la desautorizó, sino que la cumplió e invitó a cumplirla, porque, durante siglos, había sido, para el pueblo elegido, la concretización de la voluntad de Dios. 

No ha venido a abolir el AT, sino a perfeccionarlo, a llevarlo a su plenitud. Pondrá, sucesivamente, varios ejemplos (referentes a la caridad fraterna, la fidelidad conyugal, la claridad de la verdad). Siempre en la línea de una interiorización vivencial, sin conformarse con el mero cumplimiento exterior. 

b) El AT no está derogado. Está perfeccionado por Jesús y su evangelio. 

Los mandamientos de Moisés siguen siendo válidos. La Pascua de Israel ya fue salvación liberadora, aunque tiene su pleno cumplimiento en la Pascua de Cristo y en la nuestra. La Alianza del Sinaí (Juan Pablo II la llamó «la nunca derogada primera Alianza») ya era sacramento de salvación, pero ahora ha recibido su plenitud en el sacrificio pascual de Cristo en la cruz y en su celebración memorial de la Eucaristía. Lo mismo podemos decir de los sacrificios y del sacerdocio y del Templo y del Pueblo elegido de Dios: en el NT llegan a su realización definitiva en Cristo y su Iglesia. 

Seguimos leyendo con interés el AT, como palabra eficaz de Dios e historia de salvación, como diálogo vivo entre la fidelidad de Dios y la manifiesta infidelidad de su pueblo. En algunos aspectos -el sábado, la circuncisión, el Templo, los sacrificios de corderos- la nueva comunidad de Jesús se ha distanciado de la ley antigua. Pero, en la mayoría de sus elementos, sigue consciente de la gracia salvadora de Dios que ya empezó entonces y continúa ahora: basta recordar cómo seguimos rezando los salmos del AT. Eso sí, conscientes de que Jesús ha llevado a su perfección todo lo que se nos dice en el AT, como lo ha hecho en este sermón de la montaña con el novedoso programa de sus bienaventuranzas. No nos lo ha hecho más fácil, sino más profundo e interior.

Tiempo Ordinario. Semanas X-XXI. , Vol. 5, CPL, Barcelona, 1997
pp. 20-23

Comentarios

Entradas populares de este blog

Adviento, tiempo de humildad

Como en tiempo de José