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Mostrando las entradas etiquetadas como Evangelio de Juan

Una mano tendida

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No sé si a ti también te pasa, pero cuando me toca enfrentar situaciones difíciles me enfrento a sensaciones de miedo al fracaso, a la crítica, al rechazo, entre otras... Cuando toco realidades de especial dureza, necesito pararme a reconocer la presencia oculta del Señor tras las múltiples heridas y acoger su invitación a no tener, a tener su paz. A veces, cómo a Tomás, me cuesta reconocer las posibilidades de vida que se esconden tras las heridas, pero siento que me invita a no dejar de tender mis manos hacia ellas e intuir lo que a simple vista no se ve, que en el trasfondo de cada rostro herido habita el Señor de la vida y espera, siempre espera, una mano tendida.

Está la puerta abierta

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No sé si te ha pasado alguna vez que la lectura del evangelio te evoca una canción o hace que durante el día prestes atención a cosas que en otro momento no te hubieras fijado. Pues a mí hoy me han pasado las dos cosas. Me he acordado de una canción del grupo "siempre así", la que da título a esta entrada del blog. Sobre todo su comienzo: “Esta la puerta abierta, la vida está esperando...". Me he preguntado también por cuántas puertas paso a lo largo del día y cuál es la puerta por la que me pide entrar Jesús. En el evangelio de Juan, Jesús, nos dice que él es la puerta (Cfr. Jn 10, 9), la que conduce a la vida y a la salvación. Y esa puerta nunca está cerrada para nadie. Y me reconozco invitada a pasar por esa puerta, a entrar en esa Vida que me está esperando y dejar que Él transforme la mía y pueda llevar a otros la alegría del Evangelio. Os dejo la canción aquí: https://youtu.be/boJVb0zPNyI

La transparencia de la humildad

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Jesús no habla en nombre propio,  habla en nombre del Padre. Quiere llevarnos a descubrir a Dios. Hoy alguien se acercó a mí, me preguntó si era creyente, al responderle afirmativamente me dijo que él no era, pero mi pidió que rezara por él. A veces me pregunto si en mi hablar, en mi actuar cotidiano soy transparente, y dejo que los demás le vean a Él. Ojalá el interrogante que suscité hoy no se quede en una anécdota. Jesús, es luz. Ilumina lo oscuro de nuestra vida, aclara el horizonte, cuando las sombras no nos dejan ver más allá que la incertidumbre. El deseo de Jesús, es que le acojamos, pero siempre dejándonos libertad para elegir. Sin imponer. Jesús, quiere que caminemos en la luz, solo en ella está la felicidad. Así, cuando otros nos miren, le vean a Él. Concédenos caminar sin doblez, en la transparencia que solo da la humildad.

Distinguir tu voz

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Jesús, me llama por mi nombre, para Èl no soy alguien anónimo, soy importante.Tanto, que camina delante de mí para que no me despiste; tanto, que comparte todo conmigo y me enseña de misericordia, de alegría, de fraternidad, de aprender del conflicto, la incomprensión y el dolor. Jesús es la puerta por la que puedo entrar siempre a un proyecto de vida nuevo, diferente, a su estilo. Hay otras voces, pero he aprendido a distinguir su voz.

Te ama sin condiciones

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La voz de Juan anuncia a Jesús como el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Ya no hacen falta sacrificios en el templo para ganar el favor de Dios. En Jesús se confirma que Dios ama sin condiciones, sin pedir nada a cambio.  Juan anuncia la llegada de un Dios liberador, que quita el pecado del mundo. Jesús es la prueba de que Dios es ternura y misericordia para cada uno de nosotros, y que podemos vivir del Espíritu, dejándonos llenar por ese viento de Dios que nos fortalece, nos alienta y sostiene. Ayúdanos a mirar nuestra vida y el mundo con ternura y compasión.

La voz y la Palabra

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A la pregunta:  «Tú, ¿quién eres?»  , Juan el Bautista confiesa que no es el Cristo, el Salvador esperado. Este testimonio negativo en sus labios es una auténtica confesión de fe en el mesianismo de Jesús.  El Bautista continúa explicando su propia identidad, definiéndose a sí mismo como la: « Voz que clama en el desierto» y  prepara el camino al Cristo. Él no es la luz,  sólo la  testimonia. Él no es la Palabra encarnada, es sólo la voz que prepara el camino con la purificación de los pecados y la conversión del corazón.  El testimonio del Bautista pretende, y aquí esta su grandeza, suscitar fe hacia el gran desconocido, el portador de la salvación, que vive entre los hombres.  Y es que, el Mesías, no revela inmediata ni completamente su origen ni su misión. Es preciso que quien recibe de Dios el don de tocar su misterio,  lo anuncie con la vida y la palabra, como Juan junto al Jordán. A eso estamos llamados, a ser anunciadores de la ...

El llanto de Raquel

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En el llanto de Raquel podemos reconocer el grito de tantas víctimas inocentes en nuestro mundo de hoy. Quizá hasta podríamos preguntarnos si sigue valiendo la pena confiar en Dios y en la humanidad en un mundo donde los más vulnerables, los niños, siguen sufriendo tanto en tantos sitios. Niños inocentes que pagan en su carne las injusticias de los adultos... incontables... innombrables... De nuevo el Evangelio plantea una paradoja en nuestra vida, al menos a mí me lo sugiere. Herodes que pretende eliminar la vida al sentirse amenazado y, José, que cuida y protege. Una sutil línea a veces, aferrarnos a lo que hemos conquistado sin importar quien sufra a nuestro lado o cuidar, como don, aquello que nos ha sido confiado.  Y no sé si soy muy atrevida, pero creo, que en el grito de Raquel se escucha el grito de dolor del mismo Dios, que sufre con cada inocente y que clama para que, a ejemplo de José trabajemos humildemente al lado de los que sufren y cuidemos como podamos la v...

Para desear comer es imprescindible tener hambre

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No es nada nuevo en Jesús que ahonde en nuestro corazón hasta hacernos tomar conciencia de nuestra necesidad más profunda, poner al descubierto la necesidad más latente, más radical de nuestra vida. Y no hay nada más vital que el hambre y la sed... Él mismo se propone como pan de vida, algo esencial, indispensable, insustituible para la existencia. Y no habla en sentido metafórico, dado el escándalo que provoca en quienes le escuchan. Cuántas veces dice una madre a su hijo, "te comería".  Y que es ese deseo de "comer" a la persona amada entra en la lógica del amor, en el deseo de asimilación, e implica cercanía, comunicación, identificación."El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna... El que come me carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él".   Por medio de la fe en Jesús que se nos da como alimento, somos "descentrados", nuestra morada está en Él. Miremos con agradecimiento lo que su amor ha preparado para noso...

Sitios vacíos que abarrotan

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Me viene a la memoria un texto que escribía San Manuel González, decía algo así: La gente tiene hambre de verdad, de cariño, de bienestar, de justicia, de cielo, y quizá, también, sin que se dé cuenta, tiene hambre de Dios. El Evangelio de hoy es rico en matices, al menos a mí me evoca muchas cosas, pero quisiera centrarme en una cosa. En el pan y en esas gente a quienes quitar el hambre. Hace un rato he llegado de misa y en el camino de vuelta, no he podido menos que pensar en la desproporción de las playas abarrotadas y en los "sitios vacíos que abarrotan" nuestras parroquias en los últimos tiempos. Pensaba en la pregunta que los Apóstoles dirigen a Jesús ¿dónde compraremos pan para tantos?... y nosotros, quizá, dirigiríamos hoy a Jesús la pregunta ¿dónde compraremos el "hambre" que cada día escasea? ¿qué hacemos, Señor, con las sobras, con el pan que queda intacto por falta de comensales? ¿cómo avivar las ganas de ese pan de vida? Una frase de ...

Mi nombre en tus labios

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Como María también necesito escuchar mi nombre pronunciado por el Maestro y descubrir su presencia, que  anima a seguir comunicando su evangelio. Como ella, quiero seguir buscando y dejándome sorprender por el Resucitado. María necesita estar cerca de Jesús y llorar ante el cuerpo de quien hizo de ella una mujer libre. María llora y en sus lágrimas contemplo a tantos que buscan respuestas, sentido a sus vidas, a quienes quieren encontrar al Dios vivo. Y miro la alegría de María al reconocer a Jesús, y cómo crece en su interior el deseo de anunciarle, con el corazón ardiendo al haber escuchado de nuevo su nombre.

Entre la concreción y el misterio

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En la era del sentimentalismo, el Evangelio de hoy parece que quiere sacudirnos un poco. No pocas veces cuando escuchamos la palabra "vocación" nos viene a la mente un montón de personas que a lo largo de nuestra vida nos han contado lo que han "sentido" en su específica llamada y respuesta al Señor. Quizá me equivoco, pero creo que tanto la primera lectura como el Evangelio pretenden situarnos una vez más en las acciones, que en las palabras: "tu siervo escucha" "lo siguieron". No digo que no haya que contar experiencias personales, pero sí creo que estas serían más creíbles si se consiguiera ser capaz de quitarse uno mismo del centro y recordar que el personaje principal de todo relato vocacional es Dios, sólo Él es el protagonista, y nuestro seguimiento se moverá siempre entre la concreción y el misterio. Muchas veces oigo quejas de la falta de jóvenes en nuestras comunidades, a veces me pregunto si cumplimos nuestra tarea de ser como Elí. ...

La tranquila convicción de Juan

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Jesús va hacia Juan. A este no le pasa desapercibido, aunque Jesús se mezcla entre todos, como uno de tantos. El Señor nos sale al paso en rostros inesperados, en situaciones cotidianas, en historias con sabor a lo de cada día. A veces, no tenemos los cinco sentidos tan atentos como Juan. Juan cuenta lo que ha visto. Quizás hoy sea buen momento para traer a la memoria lo bueno de Dios y por qué merece la pena su evangelio.  Juan nos deja esa frase que en cada Eucaristía se repite mostrándonos a Jesús: He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y es que Dios, en Jesús, viene para restaurar lo que está roto, sanar lo que está herido, acabar con el pecado que nos hace tanto daño.  Señor, ayúdanos a contagiar esperanza y la tranquila convicción de Juan, de que sólo Tú eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Nuestra necesaria limitación

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Si te preguntasen de forma directa como a Juan, ¿tú quién eres? ¿qué dices de ti mismo? , ¿qué responderías?  Juan responde comparando su vida con la de Jesús. Tal vez hoy podamos poner en referencia nuestra vida con la de Jesús y preguntarnos quién somos. ¿Soy quien sigue a Jesús, quien le busca, o quien colabora con su reino? Juan admite con humildad no ser digno de desatar la correa de las sandalias de Jesús, es consciente de sus limitaciones. Pero ese reconocimiento no le impide entregar su vida al proyecto del Reino. Jesús no nos necesita perfectos. Nos llamas igualmente, te fías, cuentas con nosotros. Juan no busca ser el centro, que las miradas se fijen en él, convertirse en líder. Él sabe que el Mesías es Otro, que viene detrás. Suma sus fuerzas a algo más grande. Se hace parte inmerecida, pero necesaria del Reino. Aquí tienes, Jesús, nuestras manos, todas nuestras energías, para ser  voz que clama en el desierto, en las calles , hoy y siempre.

La sonrisa de Dios

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Parece que en nuestro mundo no hay muchas razones para la alegría. No podemos el mal presente en el mundo, que asume tantas formas ofensivas y crueles. Y mucho menos olvidar el sufrimiento de tanta gente, las tragedias, las violencias, las injusticias... Pero hay un motivo para estar alegres que no podemos perder de vista , y es fundamental: el Señor no nos ha abandonado. Al contrario, se abre paso entre tanta miseria, para traer una alegre noticia a todos los que, de un modo u otro, sufrimos. El Bautista, reconoce honestamente quién es, y desde su realidad deja actuar a Dios en su vida. Y es que no nos acabamos de enterar que la acción de Dios se desarrolla siempre en lo oculto y en lo pequeño. Este tercer domingo de Adviento nos sitúa ante una realidad que nos tiene que llenar de alegría en medio de la dificultad, del dolor, del a veces sinsentido en el que nos movemos, que el Niño ante el que nos postraremos en unos días sabe a qué...

Vendedores de mentiras

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Jesús no tolera se utilice la casa de Dios en provecho de intereses egoístas. Es bueno detenerse a pensar en los momentos en los que, quizá sin querer, hemos podido utilizar a Dios para conseguir nuestros propios intereses. O justificar nuestras opciones. Jesús entra en el templo y se enfrenta con los mercaderes. También en este mundo hay muchos vendedores de mentiras, injusticia a los que hay que decir basta, aunque no sea fácil. Poner freno a quien actúa con una lógica distinta del Evangelio no es fácil. Pero Jesús toma partido por los débiles, los explotados, las víctimas... y su acción nos deja un poco incómodos. Él no pide cosas imposibles a los que quieren seguirle. Nos pide confianza y amor absoluto. Es ciertamente más fácil decirlo que hacerlo. No serán nuestras fuerzas las que aseguren el seguimiento,  sino el dejarnos hacer por Dios mismo.

Sólo recupero la luz cuando me acerco a Ti

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El Evangelio nos presenta un pasaje conocido y en el que nos podemos ver reflejados de diversas formas. Pero creo que lo más importante es que sólo recuperamos la luz cuando nos acercamos a Jesús. Dios nos ha regalado en Jesús su luz, esa que nos ilumina cuando escuchamos su Palabra, que nos guía para no tropezar, que da calor a nuestra soledad. Nosotros no podemos devolver la vista a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, pero si podemos ayudar a otros a que se enteren de que Jesús sigue pasando e iluminando la vida, si le dejamos. No dejemos pasar la oportunidad.

Subir y bajar

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Dios nos ha enviado a su propio Hijo para que quienes entremos en comunión de vida con Él, por medio de la fe, vivamos como hijos de Dios. Jesús se ha convertido para nosotros como en la Escalera Santa por la que podemos llegar a poseer todo lo que nuestro Padre h a prometido a los que lo aman.  Fuera de Jesús no hay otro Camino que nos haga conocer el amor de Dios. No podemos pretender convertirnos en mensajeros de la Buena Nueva, si antes no subimos a Dios mediante la oración, meditación y experiencia de su Palabra. Sólo de la intimidad con Él brota el testimonio. Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María y de los santos Arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que seamos portadores del amor misericordioso que Dios quiere que llegue a todos los hombres.

Una fe y un amor

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Terminado el discurso de la cena, el Evangelio nos sitúa hoy a orillas del lago de Genesaret. Escuchamos el diálogo después de la pesca milagrosa y el encuentro de Jesús con los suyos, que tiene como protagonista a Pedro. Jesús le rehabilita delante de todos: «apacienta mis corderos... apacienta mis ovejas». A partir de aquí, Pedro dará testimonio de Jesús ante el pueblo y ante los tribunales, en la cárcel y con su martirio en Roma. La Pascua está llegando a su fin,  muchas veces hemos sido débiles, también hemos callado por miedo o vergüenza, y no hemos sabido dar testimonio de Jesús. Aprovechemos el día para reafirmar nuestra fe y nuestro amor, y para pedirle que nuestro testimonio no sólo sea de palabras, sino también de obras: un seguimiento más fiel. También a nosotros nos dice el Señor: «sígueme». Él cuenta con nuestra debilidad , no tengamos miedo de decirle «Señor, tú sabes que te amo».

La deseada unidad

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Hoy Pablo nos da ejemplo de audacia e inteligencia. Aprendamos de él a defender los derechos que nos corresponden, a denunciar las injusticias y a poner los medios que están a nuestro alcance para superar los obstáculos que impiden la evangelización. Jesús pide a su Padre la unidad para sus seguidores. Que estemos íntimamente unidos a Él y así estén también lo estemos con el Padre. Esa unidad con Cristo y con el Padre es la que hace posible la unidad entre nosotros. Y ésta es la condición para que la comunidad cristiana pueda evangelizar con un mínimo de credibilidad. En la Eucaristía invocamos dos veces al Espíritu. La primera, sobre los dones del pan y del vino, para que él los convierta para nosotros en el Cuerpo y Sangre de Cristo. La segunda, sobre la comunidad, para que el Espíritu «congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo», que «formemos un solo cuerpo y un solo espíritu»... El fruto de la Eucaristía es la unidad. Como lo debe ser de l...

Nunca nos dejas solos

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El texto de Hechos que leemos hoy podría servirnos de revisión de  este curso que estamos terminando. Hemos contemplado a Pablo estos días, su entrega a la evangelización, su creatividad, su dejarse conducir por el Espíritu, se servicio generoso a las comunidades que iba formando. ¿Se podría decir lo mismo de nosotros este curso?¿Lo hemos vivido con entusiasmo, radicalidad, entrega generosa y dejando actuar al Espíritu?¿Hemos trabajado por nuestra causa o por la del Señor? También Jesús en el Evangelio resume la misión que ha cumplido: la voluntad del Padre. En su oración pide la plenitud de su misión y la vuelta al Padre. Ora por los suyos, en una oración llena de amor e intimidad con el Padre y por los suyos,los que van a quedar en el mundo. También nosotros estamos incluidos. Él sabe de las dificultades del camino, por eso pide la ayuda del Padre, nos promete su presencia y nos da su Espíritu como maestro y abogado. No nos sintamos solos, ni cedamos a la tentación del...