Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Humildad

Adviento, un pregón de confianza

Imagen
Siempre me conmueve la fe del centurión. Una fe que dejó admirado al mismo Jesús: «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe» (Mt 8,6). Una fe grande y, a la vez, humilde y sencilla, expresada en unas palabras que la liturgia pone cada día en nuestros labios antes de recibir la Comunión. Aquel hombre, un gentil, sufre por la enfermedad de un criado a quien estima de verdad. Ante la impotencia de no ser capaz de ayudarlo, reacciona con humildad y fe: va en busca de Jesús y con sinceridad le expone lo que siente su corazón. Vuelca en Jesús lo que le quita paz sin imponer la solución. Este centurión puede ayudarnos hoy en el camino de nuestro Adviento con las dos actitudes que contemplamos: - tener el deseo de que Jesús se haga presente en mi vida de la manera que Él desee, - ser consciente de la propia pequeñez ante su Presencia y asombrarme de que a pesar de mi pequeñez Jesús elija amarme.. Adviento es un pregón de confianza. Dios nos quiere salvar a todos, sea ...

Ocupar nuestro sitio

Imagen
Retomo el blog, después de mucho tiempo, con un extracto de una homilía de Benedicto XVI, que nos trae el Evangelio de hoy. Creo que no hubiera encontrado un mejor modo de hacerlo que con esta hermosa enseñanza de humildad que nos regala Jesús. "Jesús nos invita a ser humildes y pone el ejemplo de un siervo que ha trabajado en el campo. Cuando regresa a casa, el patrón le pide que trabaje más. Según la mentalidad del tiempo de Jesús, el patrón tenía pleno derecho a hacerlo. El siervo debía al patrón una disponibilidad completa, y el patrón no se sentía obligado hacia él por haber cumplido las órdenes recibidas. Jesús nos hace tomar conciencia de que, frente a Dios, nos encontramos en una situación semejante: somos siervos de Dios; no somos acreedores frente a él, sino que somos siempre deudores, porque a él le debemos todo, porque todo es un don suyo. Aceptar y hacer su voluntad es la actitud que debemos tener cada día, en cada momento de nuestra vida. Ante Dios no debemos present...

Acariciar cansancios

Imagen
Hay gestos sencillos que nos conmueven en lo más hondo. Gestos que provocan en nosotros sorpresa, asombro y, por qué no, también resistencia, miedo o incomprensión. Basta escuchar las "olas" de comentarios, críticas o interpretaciones varias a quienes procuran descanso o alivio al dolor o al cansancio de los demás. Qué difícil se hace asumir la lógica de hacerse pequeño, de agacharse ante el otro. Qué difícil vestirse la toalla del cuidado del otro, acariciar cansancios ajenos. Qué difícil sustraerse de la lógica del mérito, del título, del derecho. En este día nos recuerdas cuál es la auténtica altura del hombre, la absurda lógica del servicio. Partir y repartir lo que uno es y tiene, nuestro todo y nuestra nada. Hoy nos volvemos a sorprender ante quien no se reserva nada, ante quien se convierte en regalo para todos. Hoy nos volvemos a dejar descolocar por la ternura de quien se hace alimento para que podamos vivir y dar vida sin desfallecer. Hoy volvemos a descubrir...

Sitios vacíos que abarrotan

Imagen
Me viene a la memoria un texto que escribía San Manuel González, decía algo así: La gente tiene hambre de verdad, de cariño, de bienestar, de justicia, de cielo, y quizá, también, sin que se dé cuenta, tiene hambre de Dios. El Evangelio de hoy es rico en matices, al menos a mí me evoca muchas cosas, pero quisiera centrarme en una cosa. En el pan y en esas gente a quienes quitar el hambre. Hace un rato he llegado de misa y en el camino de vuelta, no he podido menos que pensar en la desproporción de las playas abarrotadas y en los "sitios vacíos que abarrotan" nuestras parroquias en los últimos tiempos. Pensaba en la pregunta que los Apóstoles dirigen a Jesús ¿dónde compraremos pan para tantos?... y nosotros, quizá, dirigiríamos hoy a Jesús la pregunta ¿dónde compraremos el "hambre" que cada día escasea? ¿qué hacemos, Señor, con las sobras, con el pan que queda intacto por falta de comensales? ¿cómo avivar las ganas de ese pan de vida? Una frase de ...

Para estar cerca

Imagen
El fragmento de la carta a los Filipenses, que se proclama hoy es un buen prólogo, a la Semana que comienza. Me hace caer en la cuenta de quien es Jesús y cómo ha querido encontrarse conmigo. Jesús se despoja, se hace pequeño para estar más cerca de mí. Dios se hace uno de nosotros para que pueda tenerlo más cerca. En este himno los primeros cristianos reconocen a Jesús como Señor. Hoy dejo que el himno haga eco en mí. Reconozco con agradecimiento y confianza que Dios me acoge y me comprende, se ha hecho hombre para estar cerca de mí.

Siempre y tan solo nuestro sitio

Imagen
Los discípulos parecen no querer enterarse que Jesús sube a Jerusalén sabiendo que le espera la pasión. No es fácil seguir a un Señor que no persigue el triunfo. Jesús habla sin temor, con claridad, como buen maestro. Siempre responde planteando un interrogante en nuestro corazón. Pidamos al Señor, saber seguirle siempre aunque haya momentos en que tengamos que beber el cáliz de la incomprensión, la soledad, el paro, cualquier tipo de injusticia. Que busquemos siempre y tan sólo nuestro sitio, junto a Él.

Ser, no parecer

Imagen
Las palabras de Jesús nos recuerdan hoy cuántas veces caemos en la tentación del "primer puesto", cómo se nos cuela sutilmente ese gustillo por el que nos tengan en cuenta para algo. ¿Qué distinta es su propuesta!tenemos otro maestro y otras propuestas. Ser, no parecer aquello que no somos. Proponer, no imponer. Ofrecer ,no intentar dominar. Acompañar. Atrevernos a reconocer nuestros errores, que necesitamos ayuda y que no siempre lo tenemos todo claro.  ¿Sería quizás utópico pensar en una comunidad que no persigue primeros puestos, que reconoce a un solo Maestro, y a este como el Servidor de todos? Pidamos al Señor que nos haga expertos en amor al prójimo, que sepamos aprender de él en qué consiste ser humilde, a no querer sobresalir, a encontrar paz en la mirada del Padre que ve el corazón y no las apariencias.

Nuestra necesaria limitación

Imagen
Si te preguntasen de forma directa como a Juan, ¿tú quién eres? ¿qué dices de ti mismo? , ¿qué responderías?  Juan responde comparando su vida con la de Jesús. Tal vez hoy podamos poner en referencia nuestra vida con la de Jesús y preguntarnos quién somos. ¿Soy quien sigue a Jesús, quien le busca, o quien colabora con su reino? Juan admite con humildad no ser digno de desatar la correa de las sandalias de Jesús, es consciente de sus limitaciones. Pero ese reconocimiento no le impide entregar su vida al proyecto del Reino. Jesús no nos necesita perfectos. Nos llamas igualmente, te fías, cuentas con nosotros. Juan no busca ser el centro, que las miradas se fijen en él, convertirse en líder. Él sabe que el Mesías es Otro, que viene detrás. Suma sus fuerzas a algo más grande. Se hace parte inmerecida, pero necesaria del Reino. Aquí tienes, Jesús, nuestras manos, todas nuestras energías, para ser  voz que clama en el desierto, en las calles , hoy y siempre.

Pequeño y grande

Imagen
Juan, pequeño y grande a la vez, porque reconoce en Jesús el cumplimiento de la promesa. En Jesús, Dios reina. Y su reino es un reino de humildad, pobreza y de radicalidad en el amor. Es el reino de los pequeños, de los que se donan, de los que generan a su paso amor gratuito. Y que por ello sufren violencia. El reino de los que perdonan, abrazan y siguen poniendo la otra mejilla. María, mujer de Adviento, enséñanos a amar desbordándonos con el que más sufre. Madre, en tus manos un día más, presentamos a nuestros hermanos que sufren persecución a causa de su fe en tu Hijo.

Basta su Palabra

Imagen
La oración es acercarse con sencillez y sinceridad a Jesús. Comencemos el Adviento con las palabras del centurión: Señor, no soy quien para que entres bajo mi techo. Son palabras de humildad, de confianza. Él me escucha, me conoce, sabe cómo soy. Basta su Palabra para recomenzar.

Ella creyó que nadie la veía

Imagen
Pero Jesús sí se dio cuenta y llamó la atención de todos. Otros, más ricos, echaban donativos mayores en el cepillo del templo. Ella echó los dos reales que tenía. No importa la cantidad de lo que damos, sino el amor con que lo damos. Dios se nos ha dado totalmente: nos ha enviado a su Hijo, que se ha entregado por todos, y que se nos sigue ofreciendo como alimento en la Eucaristía. ¿Podremos guardarnos algo en nuestra pequeña entrega cotidiana? Al final del día ojalá que Dios sonría.

Un especial cuidado

Imagen
Es bueno que recordemos que en nuestra vida la iniciativa la ha tenido Dios. Nos ha elegido Él. Por parte de Dios todo es gratuidad, y podemos sentirnos orgullosos de ser sus escogidos. Pero,¡ cuidado! Tengamos en cuenta la recomendación de Pablo, no nos consideremos superiores a nadie, todos necesitamos la misericordia de Dios. Es la actitud espiritual que mejor nos va. Y también la que nos hace más humildes y comprensivos con los demás.

Ir de autosuficiente

Imagen
Pablo usa hoy el ejemplo de Abraham. Tanto puede agradar a Dios un judío como un pagano. A ninguno de los dos el Señor les tiene en cuenta sus pecados, pura gratuidad. Cuánto bien nos hace recordar que también con nosotros Dios ha tenido que usar misericordia. Así no iremos por la vida con aires de suficiencia, como si fuésemos perfectos cumplidores, y los «pecadores», los otros. Dichosos nosotros, que el Señor, no nos apunta el delito.

Un motivo para la humildad

Imagen
Todos somos pecadores y todos somos salvados gratuitamente. Es lo que nos anuncia Pablo. Todos fallamos y a todos nos ofrece Dios su salvación "gratuitamente, por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús". No hay motivo para creer que merecemos la salvación por cumplir una serie de normas, ganando méritos ante Dios. Debemos sentirnos perdonados por Dios, salvados gratuitamente por él. La salvación no la compramos a base de buenas obras, las hacemos, pero no nos salvan a cambio. Sentirnos perdonados y salvados por amor nos ayuda a ser más humildes y tolerantes con los demás, a no creernos superiores a nadie.

Comunidad

Imagen
La comunidad cristiana es sagrada, depositaria de la verdad y de los dones de Dios. Quizás deberíamos cultivar la doble relación -Iglesia y Cristo- tenerla más presente en nuestra sensibilidad, así nuestra actitud para con los demás sería más humilde, más generosa, como la que quería Pablo de Timoteo.

Si nos sintiéramos perdonados

Imagen
Cambiaría tanto nuestra actitud con los demás si recordáramos con humildad que Cristo ha venido a salvarnos a nosotros, en primer lugar. Creo que tendemos demasiado  a no incluirnos en el término "pecadores" y hoy, la palabra, nos recuerda somos los primeros. Podría hoy ser un buen ejercicio, en nuestra relación con nosotros mismos u con los demás, repetir en nuestro interior: "se compadeció de mí"', "en mí, el primero, mostró Cristo toda su misericordia". Ese es el único modo de vivir al estilo de Cristo, con humildad de hermanos. ¡ Feliz fin de semana!

Una palabra tuya

Imagen
Desde hoy hasta Pascua, leemos al evangelista Juan, que nos pone como modelo de lucha contra el mal, el camino de Jesús. El profeta anuncia, en la primera lectura, la vuelta del destierro, donde todo será alegría y felicidad. Dios quiere la felicidad del hombre y de la sociedad, su equilibrio y armonía, como los creó. Jesús, en Caná, cura al hijo de un funcionario real de Cafarnaún, un extranjero con mayor fe que los judíos. Jesús camina hacia la muerte y la resurrección y va comunicando a otros la salud, la vida, la alegría. Es Dios quien toma la iniciativa una vez más, quién desea que esta Pascua sea una verdadera primavera para nosotros. Jesús quiere salvarnos y liberarnos de toda tristeza y esclavitud, y perdonarnos todas nuestras faltas. Si tenemos fe. Cada vez que nos acercarnos a la mesa eucarística decimos siempre una breve oración llena de humildad y confianza: «no soy digno de que ent...

Búsqueda, llamada, petición

Imagen
Hermosa la oración de Ester que leemos en la primera lectura. Reconoce la grandeza de Dios y también su cercanía para con el pueblo elegido. No esconde que su pueblo ha « pecado contra ti» y ha «dado culto a otros dioses». Pide que les siga protegiendo. Es una oración humilde y confiada a la vez. Esta texto nos prepara para escuchar a Jesús: «pedid y se os dará, llamad y se os abrirá». El ejemplo que pone Jesús es el del padre que quiere el bien de su hijo y le da «cosas buenas». ¡Cuánto más Dios, que es nuestro Padre, que siempre está atento a lo que necesitamos! La oración de Ester fue escuchada. Y Jesús nos asegura que nuestra oración nunca deja de ser escuchada por Dios. Aunque a veces no se nos conceda lo que pedimos tal como nosotros lo pedimos, nuestra oración siempre es escuchada y Dios,como buen Padre, nos da «cosas buenas». Cuando nosotros pedi...

Adviento, tiempo de humildad

Imagen
Las lecturas de hoy son una buena llamada a la autocrítica sincera en esta tercera semana de Adviento . Ante la oferta de salvación por parte de Dios, ¿dónde me veo reflejado? ¿soy de los "autosuficientes", que ponen su confianza en sí mismos; de los "buenos»" que no necesitan la salvación? ¿o soy de ese pueblo pobre y humilde, de ese resto de Israel del que habla Sofonías, ese que acogió el mensaje del Bautista? Tal vez hoy, en intimidad con el Señor, podríamos preguntarnos si llevamos a la práctica lo que rezamos y creemos. No sólo si prometemos, sino si cumplimos; no sólo si cuidamos la "apariencia", sino si nuestras obras corresponden a nuestras palabras, y nacen de un corazón que está en sintonía con el de Cristo. Empezamos la misa con un acto de humildad y de confianza, porque en verdad somos débiles y pecadores. Sólo el humilde pide perdón y salvación. Pidamos al...

Humildad y oración

Imagen
Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio. La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él. Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente. El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine. Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quié...