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Mostrando las entradas etiquetadas como Discernimiento

Entre la concreción y el misterio

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En la era del sentimentalismo, el Evangelio de hoy parece que quiere sacudirnos un poco. No pocas veces cuando escuchamos la palabra "vocación" nos viene a la mente un montón de personas que a lo largo de nuestra vida nos han contado lo que han "sentido" en su específica llamada y respuesta al Señor. Quizá me equivoco, pero creo que tanto la primera lectura como el Evangelio pretenden situarnos una vez más en las acciones, que en las palabras: "tu siervo escucha" "lo siguieron". No digo que no haya que contar experiencias personales, pero sí creo que estas serían más creíbles si se consiguiera ser capaz de quitarse uno mismo del centro y recordar que el personaje principal de todo relato vocacional es Dios, sólo Él es el protagonista, y nuestro seguimiento se moverá siempre entre la concreción y el misterio. Muchas veces oigo quejas de la falta de jóvenes en nuestras comunidades, a veces me pregunto si cumplimos nuestra tarea de ser como Elí. ...

Modelo de amor

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Discernir supone siempre un esfuerzo para dilucidar la voluntad de Dios. Tomando ejemplo de las decisiones tomadas en Jerusalén podíamos preguntarnos si a veces nos empeñamos en imponer a otros cargas innecesarias, o si les imponemos ciertas "condiciones" para que se amolden a nuestro gusto. En toda decisión comunitaria debería primar el amor, centrarnos en lo importante y no enredarnos en discusiones sobre lo secundario. Dejemos el papel principal al Espíritu para ni encerrarnos en nuestros intereses o dejarnos llevar de la rutina o comodidad. La señal de nuestro acierto será la alegría y un aliento renovado en nuestra tarea. Jesús, en el Evangelio, va progresando en intimidad con los suyos: «no os llamo siervos, sino amigos», «no sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido». Y les indica una dirección más comprometida para el seguimiento: «éste es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado».  Se pone a sí mismo como modelo, Él...

Alegría en el amor y la fidelidad

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La comunidad que se reúne en Jerusalén nos ofrece la imagen de una comunidad que escucha, valora lo que hay a favor y lo que hay en contra, se abre a la novedad que el Espíritu está suscitando por encima de discusiones, aunque también las hubo. Jesús continúa con la metáfora de la vid y los sarmientos, llevándonos al significado y concreción del «permanecer» en Él: se trata de «permanecer en su amor, guardando sus mandamientos». El Padre ama a Jesús y Jesús al Padre. Jesús, a su vez, ama a los discípulos, y éstos deben amar a Jesús y permanecer en su amor, guardando sus mandamientos, lo mismo que Jesús permanece en el amor al Padre, cumpliendo su voluntad. Esto es lo que nos lleva a la alegría plena, el amor y la fidelidad con que vivimos en lo concreto lo Él nos pide, aunque a veces no sea fácil. Pidamos al Señor que la celebración de esta Pascua nos ayude a crecer en alegría viviendo en amor y fidelidad al Resucitado.