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Mostrando las entradas etiquetadas como Heridas

Una mano tendida

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No sé si a ti también te pasa, pero cuando me toca enfrentar situaciones difíciles me enfrento a sensaciones de miedo al fracaso, a la crítica, al rechazo, entre otras... Cuando toco realidades de especial dureza, necesito pararme a reconocer la presencia oculta del Señor tras las múltiples heridas y acoger su invitación a no tener, a tener su paz. A veces, cómo a Tomás, me cuesta reconocer las posibilidades de vida que se esconden tras las heridas, pero siento que me invita a no dejar de tender mis manos hacia ellas e intuir lo que a simple vista no se ve, que en el trasfondo de cada rostro herido habita el Señor de la vida y espera, siempre espera, una mano tendida.

El instante de un encuentro

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¿Quieres curarte?...Una pregunta sugerente en un lugar donde el dolor parece invadirlo todo. En aquella piscina, donde a nadie le gustaría estar, resuena una pregunta ante la que un hombre paralizado durante muchos años recobra el vigor perdido. Y es que, Jesús, se ha detenido junto a él y allí donde parecía existir solo sufrimiento y desesperanza ha surgido de nuevo la dignidad humana. En muchos de nuestros ambientes también reina la desesperanza, la angustia, el no ver salida a muchas situaciones. Nuestros ojos pasan ante muchos soportales, esquinas de calles, cajeros "ocupados" en la noche, cartones en bancos, en rincones de cualquier plaza... Jesús sigue queriendo llegar,  poner la mirada, permanecer, conversar...y allí donde hay alguien que se siente nada, derramar su novedad, quitar el lastre de "camillas inservibles", compañeras de dolor y soledad; liberar de ataduras que mantienen la vida paralizada y el corazón insensible. Muchos años de os...

Lo intocable

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Contemplar las curaciones de Jesús siempre tiene algo que me toca en lo más profundo. No resulta fácil poner palabras. Quizá nuestra mayor dificultad a la hora de relacionarnos con Dios es hacerlo a cara descubierta, con todo lo que somos, incluido todo aquello que consideramos intocable en nuestra vida. Pensando en esto me acordé de este texto. Os lo comparto, seguro que muchos ya lo conocéis. Espero que os pase como a mí, que no os venga mal recordar lo necesitados que estamos de dejarnos tocar nuestras cicatrices por la ternura del Señor Lo intocable Es fácil amar lo amable, rozar lo bello, admirar brillos y fachadas, agujero negro de miradas distraídas; aplaudir lo exitoso, jalear lo apuesto, empujar aún más alto lo que no toca techo. Difícil es adentrarse en el caos oculto tras el rostro cordial. Deambular por las estancias pobladas por demonios de dentro, las memorias que encadenan nuestro vuelo a derrotas pasadas, los amores difíciles, las batallas perdi...