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Mostrando las entradas etiquetadas como Curación

Lo intocable

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Contemplar las curaciones de Jesús siempre tiene algo que me toca en lo más profundo. No resulta fácil poner palabras. Quizá nuestra mayor dificultad a la hora de relacionarnos con Dios es hacerlo a cara descubierta, con todo lo que somos, incluido todo aquello que consideramos intocable en nuestra vida. Pensando en esto me acordé de este texto. Os lo comparto, seguro que muchos ya lo conocéis. Espero que os pase como a mí, que no os venga mal recordar lo necesitados que estamos de dejarnos tocar nuestras cicatrices por la ternura del Señor Lo intocable Es fácil amar lo amable, rozar lo bello, admirar brillos y fachadas, agujero negro de miradas distraídas; aplaudir lo exitoso, jalear lo apuesto, empujar aún más alto lo que no toca techo. Difícil es adentrarse en el caos oculto tras el rostro cordial. Deambular por las estancias pobladas por demonios de dentro, las memorias que encadenan nuestro vuelo a derrotas pasadas, los amores difíciles, las batallas perdi...

Yo soy

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En el desierto abundan las serpientes, todo un peligro para el pueblo de Israel, peregrino en él. Una plaga mortal fue interpretada como castigo de Dios por los pecados del pueblo. Mirar a una serpiente mandada levantar por Moisés podía entenderse como un reconocimiento del propio pecado,un volver al Señor e invocar su ayuda. No salva mágicamente, sino por la fe, lo que el salmo de hoy nos invita a decir: «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti, no me escondas tu rostro el día de la desgracia». El NT  interpreta la serpiente como figura de Cristo en la Cruz; él nos cura y nos salva, cuando le miramos, especialmente cuando es elevado en la cruz en su Pascua. Estamos ante el tema central del evangelio de Juan: ¿quién es Jesús? El mismo responde: «yo soy de allá arriba... yo no soy de este mundo... cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy». Los que crean en ...

Un agua que sana

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En este martes de nuestro camino cuaresmal aparece el agua, que cura y salva;un recuerdo de nuestro Bautismo, que tendrá su actualización más plena en la Vigilia Pascual. Las aguas que brotan del Templo, que vienen de Dios, purifican y sanan todo a su paso, volviendo fértiles los campos y llenando de vida el mar muerto. La piscina de Betesda tenía aguas medicinales. Pero a aquel pobre hombre paralítico nadie le ayudaba a llegar al agua. Cristo le cura directamente. Una vez más algunos reaccionan mal ante el milagro realizado en sábado. Jesús es el agua viva. Él quiere regar nuestra tierra para que produzca fruto abundante. Si dejamos que su agua inunde nuestras vidas brotará vida allí donde nosotros ya lo hemos dado todo por perdido, por muerto. Muchas veces nos sentimos como el paralítico, incapaces de movernos por nosotros mismos hacia la fuente de la vida, y cuánto nos ayudan su palabra, su gracia, sus sacramen...