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La tranquila convicción de Juan

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Jesús va hacia Juan. A este no le pasa desapercibido, aunque Jesús se mezcla entre todos, como uno de tantos. El Señor nos sale al paso en rostros inesperados, en situaciones cotidianas, en historias con sabor a lo de cada día. A veces, no tenemos los cinco sentidos tan atentos como Juan. Juan cuenta lo que ha visto. Quizás hoy sea buen momento para traer a la memoria lo bueno de Dios y por qué merece la pena su evangelio.  Juan nos deja esa frase que en cada Eucaristía se repite mostrándonos a Jesús: He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y es que Dios, en Jesús, viene para restaurar lo que está roto, sanar lo que está herido, acabar con el pecado que nos hace tanto daño.  Señor, ayúdanos a contagiar esperanza y la tranquila convicción de Juan, de que sólo Tú eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Alternancia

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Cada uno de nosotros siente la debilidad y a la vez experimenta la fuerza de Jesús. En nuestra vida se alternan  el pecado o la gracia, el hombre viejo o el nuevo, la desobediencia o la obediencia, ¿qué aspecto dejo que se desarrolle más? No tenemos que perder nuestra confianza aunque en nuestra vida exista el pecado, sobreabunda más la gracia y el amor de Dios. Por muchos fracasos que tengamos que contar, son más abundantes los signos de que Dios nos ama. Pidamos al Señor que nos ayude a vencer las herencias del primer Adán en nuestra vida y nos haga pasar, con el nuevo Adán, a la plenitud de su vida.

Yo soy

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En el desierto abundan las serpientes, todo un peligro para el pueblo de Israel, peregrino en él. Una plaga mortal fue interpretada como castigo de Dios por los pecados del pueblo. Mirar a una serpiente mandada levantar por Moisés podía entenderse como un reconocimiento del propio pecado,un volver al Señor e invocar su ayuda. No salva mágicamente, sino por la fe, lo que el salmo de hoy nos invita a decir: «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti, no me escondas tu rostro el día de la desgracia». El NT  interpreta la serpiente como figura de Cristo en la Cruz; él nos cura y nos salva, cuando le miramos, especialmente cuando es elevado en la cruz en su Pascua. Estamos ante el tema central del evangelio de Juan: ¿quién es Jesús? El mismo responde: «yo soy de allá arriba... yo no soy de este mundo... cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy». Los que crean en ...

Da tú el primer paso

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Ezequiel personaliza hoy claramente tanto el pecado como la conversión y nos invita a pensar en que cada uno es responsable de sus propias actuaciones: no vale echar la culpa a la sociedad o a los otros. Por parte de Dios una cosa es clara: lo suyo no es castigar y estar espiando nuestra falta, Él sólo quiere que todos se conviertan de sus caminos y vivan, y está siempre dispuesto a acoger al que vuelve a él. Jesús nos propone que nuestra santidad sea más perfecta que la de los fariseos y letrados, ir más allá de apariencias y superficialidades. Nos invita a la conversión de las actitudes interiores, además de los hechos exteriores: los juicios, las intenciones, las envidias y rencores. «Ve primero a reconciliarte con tu hermano». No esperes a que venga él: da tú el primer paso. Cuaresma no sólo es reconciliarse con Dios, sino también con quien tenemos al lado. Pidamos a María que nos ense...

Y al conocer, se vio desnudo y débil

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En una escena muy viva se nos cuenta hoy que después del pecado cometido, Adán y Eva se defienden, se esconden, se echan la culpa mutuamente. Dios anuncia un castigo y, junto a él, aparece una palabra de esperanza: «enemistades entre la descendencia de la mujer y la de la serpiente: ella te herirá en la cabeza». El hombre quiso ser como Dios y conocerlo todo, y se vio desnudo y débil. El mal que hay de en el mundo no se debe a Dios, sino al desorden del pecado que hemos introducido nosotros en su plan. Ya no hay armonía ni equilibrio, tenemos miedo de Dios, no nos entendemos entre nosotros y nos culpamos mutuamente. Ha habido ruptura, la armonía y el equilibrio ya no funcionan. Los conflictos se suceden. El trabajo nos cuesta. No damos a luz nada sin esfuerzo. No hay paz. Pero los cristianos escuchamos las palabras de esperanza de Dios y sabemos que la victoria de Cristo sobre el mal ya han tenido lugar en la Pascua y que nosotros estamo...