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Mostrando las entradas etiquetadas como Perdón

La sorpresa del perdón

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Si en algún momento nos preguntáramos la reacción de Dios ante nuestro pecado, una muestra la  tenemos en la parábola del hijo pródigo. Después de contemplar este pasaje  no nos puede quedar duda de que nuestro Padre está siempre dispuesto a perdonar, a esperar que volvamos a casa después de habernos ido con afán de suficiencia, exigiendo, o cuando después de años a su servicio nos hacemos por fin conscientes de que lo suyo es lo nuestro y hemos vivido como criados sin disfrutar del ser hijos. Él siempre ha estado y estará esperando a la puerta. Y es que así es nuestro Dios, con Él no es necesario llamar a la puerta. Sale corriendo, no para reprochar nada, sino para cubrirnos de abrazos y besos. Esa es la sorpresa del perdón. Un Dios que ve, se conmueve, que casi no te deja "soltar" el discurso que traías preparado, porque El ya sabe. Si acaso nos seguimos preguntando contemplemos a este Padre que te acoge, te  perdona, te ama y lo celebra contigo.

Nuestra única defensa, la confianza

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Las palabras del Evangelio de hoy pueden sonarnos fuertes. Jesús habla de todo aquello que puede amenazar nuestra vida, que nos inquieta, que nos hace sufrir. Y lo que parece más extraño, nos invita a permanecer desarmados. Nuestra única defensa, la confianza en su enseñanza, su aliento y su presencia. Nuestra vida, como la suya, sin violencia, sin rencor, dando testimonio de la fuerza del amor.

Alternancia

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Cada uno de nosotros siente la debilidad y a la vez experimenta la fuerza de Jesús. En nuestra vida se alternan  el pecado o la gracia, el hombre viejo o el nuevo, la desobediencia o la obediencia, ¿qué aspecto dejo que se desarrolle más? No tenemos que perder nuestra confianza aunque en nuestra vida exista el pecado, sobreabunda más la gracia y el amor de Dios. Por muchos fracasos que tengamos que contar, son más abundantes los signos de que Dios nos ama. Pidamos al Señor que nos ayude a vencer las herencias del primer Adán en nuestra vida y nos haga pasar, con el nuevo Adán, a la plenitud de su vida.

Ir de autosuficiente

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Pablo usa hoy el ejemplo de Abraham. Tanto puede agradar a Dios un judío como un pagano. A ninguno de los dos el Señor les tiene en cuenta sus pecados, pura gratuidad. Cuánto bien nos hace recordar que también con nosotros Dios ha tenido que usar misericordia. Así no iremos por la vida con aires de suficiencia, como si fuésemos perfectos cumplidores, y los «pecadores», los otros. Dichosos nosotros, que el Señor, no nos apunta el delito.

Un motivo para la humildad

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Todos somos pecadores y todos somos salvados gratuitamente. Es lo que nos anuncia Pablo. Todos fallamos y a todos nos ofrece Dios su salvación "gratuitamente, por su gracia, mediante la redención de Cristo Jesús". No hay motivo para creer que merecemos la salvación por cumplir una serie de normas, ganando méritos ante Dios. Debemos sentirnos perdonados por Dios, salvados gratuitamente por él. La salvación no la compramos a base de buenas obras, las hacemos, pero no nos salvan a cambio. Sentirnos perdonados y salvados por amor nos ayuda a ser más humildes y tolerantes con los demás, a no creernos superiores a nadie.

Pataletas

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La actitud de Jonás puede parecernos bastante ridícula. Tengamos presente que el autor quiere presentarnos la  cerrazón de los judíos en contraste con los paganos que sí se convierten a Dios; un  pueblo que no supo realizar su papel de "mediador de bendición para todos los pueblos". Pero en algo de la actitud de Jonás, con sus pataletas infantiles, nos podemos sentir identificados. ¿No nos sabe mal algunas veces que Dios no «castigue» a quienes juzgamos corruptos y malvados? ¿Nos cuesta que Dios perdone? Apliquémonos con humildad la historia  del ricino, en que Dios aparece preocupado de que no se le pierda un pueblo tan numeroso. Creamos en el amor de Dios, "bueno y clemente, rico en misericordia con los que le invocan". Y tengamos un corazón más abierto y tolerante para con este mundo.

Una desproporción de amor

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¡Que lección más hermosa nos trae hoy la Palabra! Una palabra que nos sitúa frente a Dios, como deudores insolventes. Si él no interviene con el acto gratuito de su perdón, nosotros solos no llegaríamos nunca a conquistar la salvación. La salvación es pura gracia.  Todas las deudas que los demás contraen con nosotros carecen de  importancia si se compara con nuestro pecado y con la deuda que tenemos con Dios. Si olvidamos esta desproporción de amor, nuestro comportamiento con los demás será equivocado. No podemos convertir el perdón en una posesión nuestra ni tenemos derecho a consumir de modo egoísta las gracias que se nos regalan. El perdón que recibimos es dado, participado con los demás. El perdón tiene que traducirse en reconciliación, en alegría con los demás a imitación de Dios. El perdón al otro es la respuesta que manifiesta que estamos perdonados...

Si nos sintiéramos perdonados

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Cambiaría tanto nuestra actitud con los demás si recordáramos con humildad que Cristo ha venido a salvarnos a nosotros, en primer lugar. Creo que tendemos demasiado  a no incluirnos en el término "pecadores" y hoy, la palabra, nos recuerda somos los primeros. Podría hoy ser un buen ejercicio, en nuestra relación con nosotros mismos u con los demás, repetir en nuestro interior: "se compadeció de mí"', "en mí, el primero, mostró Cristo toda su misericordia". Ese es el único modo de vivir al estilo de Cristo, con humildad de hermanos. ¡ Feliz fin de semana!

Sin esconder su condición

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La experiencia personal del profeta Oseas -su mujer le fue infiel- le sirve para describir la infidelidad del pueblo de Israel para con Dios, el esposo siempre fiel. Y, a través de ella,nos invita a la conversión. No una conversión basada en el interés o para evitar el castigo, sino una verdadera conversión de las actitudes interiores. En el Evangelio, la parábola bien conocida del publicano y el fariseo, Jesús no está comparando a un pecador con un justo, sino a un pecador humilde con un justo satisfecho de sí mismo, que cumple pero no ama. El publicano, se presenta en humildad ante el Señor, sin esconder su condición, es atendido. La llamada de Oseas se dirige también hoy a nosotros, supone una invitación a organizar nuestra vida según Dios, a poner el acento en las actitudes interiores, sobre todo en la misericordia hacia los demás, que en un cumplimiento vacío de sentido. Dejemos actuar al Señor ...

Sin pedir cuentas

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La primera lectura nos propone hoy una oración penitencial llena de confianza en la bondad de Dios: "no nos desampares, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia... ". Una invitación a pedir perdón a Dios que Jesús lleva más allá, saber perdonar a los demás, siempre En nuestro camino hacia la Pascua nos hace bien reconocernos pecadores, expresarlo con nuestra oración, como Azarías, acogiéndonos a la bondad y misericordia del Señor. Pero no olvidemos la segunda parte, ese perdón a los que nos han hecho daño. Para pedir perdón a Dios, tenemos que ponernos en sintonía con la actitud de un Dios que es misericordia. Cuaresma es tiempo de perdón en todos los sentidos. Es tiempo de reconciliación con Dios y con los demás. Sin pedir cuentas. Imitando al Dios - Amor que perdona nuestras culpas y nos hace vivir como perdonados.

Un canto a la misericordia

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Miqueas nos ofrece en esta mañana una oración humilde y llena de confianza en Dios. El salmo 102 es un hermoso canto a la misericordia de Dios. Un salmo que invita a la oración personal, desde nuestra propia historia a ese Dios que cada día nos llama a volvernos más a Él. El evangelio nos introduce en una parábola bien conocida, pero que siempre nos interpela. Los tres personajes son conocidos, ¿con cuál me identifico? El padre, aunque no entiende y le duele, respeta la decisión del hijo. Ante el fracaso de éste, le acoge. Podríamos tomarnos el pulso a nuestra capacidad de acogida, al margen de confianza que damos al que vuelve después de mucho tiempo, si pasamos "factura" de sus fallos a los demás. En resumen, ¿nos va caracterizando la misericordia en nuestro trato? El hijo pequeño se desvía en un momento del camino que Dios tenía pensado para él. Ante esta realidad ¿me identifico o...

Un programa concreto y progresivo

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Empezamos la segunda semana de Cuaresma. Daniel,en una hermosa oración, reconoce la culpa del pueblo de Dios, que ha hecho oídos sordos a la voz de los profetas. Reconoce emocionado la fidelidad y bondad de Dios. Del reconocimiento de sabernos pescadores y pedir perdón, pasamos a la invitación de Jesús, que siempre va más allá, de saber perdonar nosotros a los demás. El modelo que nos propone es el mismo Dios y el programa, concreto y progresivo: «sed compasivos... no juzguéis... no condenéis... perdonad... dad». Reconocer nuestra fragilidad es el punto de partida indispensable para la conversión. La palabra nos invita a mirar nuestra historia,ver la bondad de Dios en ella y a volvernos a Él, seguros de que Dios, como un padre misericordioso, nos acogerá. El siguiente paso, el que nos propone Jesús: ser compasivos y perdonar a los demás como Dios es compasivo y nos perdona a nosotros. Hoy será...

Continúa la aventura de la humanidad

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La muerte de un hombre a manos de su hermano es, por desgracia, lo más representativo de la maldad que hay en el corazón humano. Es el pecado que más expresa el odio, la violencia, la intolerancia. Abel representa a los que son víctimas de la envidia y la maldad de otros. Y Caín, de los que odian y matan a sus hermanos. Dios defiende la vida humana y pide cuentas de la de Abel a su hermano. A pesar de su respuesta, Dios también le protege a él: «El que mate a Caín lo pagará siete veces». Dios concede a Adán y Eva otro hijo, Set, para continuar la aventura de la humanidad. Todos somos un poco Caín, en el sentido de que, en nuestra vida sigue existiendo la envidia y la intolerancia hacia el otro. Jesús nos enseñó a amarnos los unos a los otros, también, y ese es nuestro mayor reto, cuando hay ofensas de por medio. No llegaremos a derramar la sangre del que nos cae mal. Pero sí podemos tratarle c...

Adviento, tiempo de reconciliación

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Leyendo la lectura de Isaías me vienen a la mente y al corazón los rostros de "muchas rodillas vacilantes y manos temblorosas". A veces también las mías. Cuántas veces tenemos miedo o nos sentimos desorientados cuani ndo la vida nos coloca dónde no esperábamos. Es en estos momentos cuando el mensaje del Adviento lucha por colarse en nuestra vida en su más puro y auténtico sentido "levantad la cabeza, se acerca vuestra liberación ", "no tengáis miedo ". En Jesús se cumple plenamente la profecía de Isaías. Él es quien infunde valor a nuestro espíritu acobardado, el médico que sana  toda enfermedad, la valentía de los que se sentían acobardados. En la escena de hoy: vio la fe de aquellas personas, acogió al paralítico, le curó de su mal y le perdonó sus pecados, con escándalo de algunos. No sólo le curó de la parálisis, sino que le dio la salud int...

El escándalo, el perdón y la fe

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Tres aspectos en los que podemos aplicar el pensamiento de Jesús a nuestra vida. Podemos ser ocasión de escándalo para los demás, con nuestra conducta. Para bien o para mal, influimos en los que conviven con nosotros. A todos nos cuesta perdonar, pero  Jesús nos invita a hacerlo, aunque se repita el motivo siete veces en un día. Para llegar a ello tendremos que pedirle, como los apóstoles: "Auméntanos la fe", y apoyarnos en la gracia de Dios. Porque con nuestras solas fuerzas fracasaremos. Quizá algunas cosas nos parezcan  imposibles de perdonar, pero con la fuerza de la Eucaristía se hará realidad y será en nuestra vida algo tan sorprendentey sanador, al menos, como lo de la morera transplantada al mar.

Rompiendo idolatrías en nuestra vida

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La semana va llegando a su fin y las lecturas de hoy nos dejan un mensaje claro de amor y perdón. Os dejo el comentario de J. Aldazábal. a) Terminamos la lectura del profeta Oseas con perspectivas de esperanza y reconciliación. La página de hoy es como el guión de una celebración penitencial, con un diálogo entre el pueblo, que se arrepiente, y Dios, que le perdona y le promete volver a empezar de nuevo su relación de mutuo amor y fidelidad.  La iniciativa, como siempre, la tiene Dios, ofreciendo su perdón: «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo... Yo curaré sus extravíos, los amaré sin que lo merezcan... seré rocío para Israel... brotarán sus vástagos...yo soy ciprés frondoso, de mí proceden tus frutos».  El pueblo aprende la lección y se vuelve arrepentido hacia Dios: «perdona del todo la iniquidad, recibe benévolo el sacrificio de nuestros labios». Como el pecado había sido poner su confianza en alianzas humanas y militares, el pueblo le dice a Dios humildemente: «N...