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Mostrando las entradas etiquetadas como Bienaventuranzas

Un horizonte y un motivo

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Jesús habla hoy a quienes le buscan porque se reconocen necesitados, desesperados. ¡Tantas veces sufrimos, lloramos y deseamos justicia, pero no siempre nos sentimos amados o dichosos por eso! Cuando caemos en la cuenta de ese amor estamos experimentando en nuestra vida los efectos de la relación con Dios. Muchas veces asumimos el sufrimiento, pero ¿esperamos el consuelo de Dios? Pensemos por un momento en nuestro mundo, en todas las personas que sufren, que lloran, que tienen hambre y sed de pan y de justicia y necesitan una palabra de esperanza. Jesús les llama dichosos. Les invita a estar alegres y contentos, esperanzados mirando al futuro. Les promete su apoyo y su amor. Jesús nos invita a vivir de una forma comprometida, pero que lleva consigo la constatación de su vida en nuestro presente y una promesa de futuro. Cuando sufrimos, cuando somos perseguidos, en la soledad de la lucha, Dios es consuelo. Como lo fue para los santos a quienes hoy c...

Una transformación a nivel del corazón

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Dichosos... Primera palabra del sermón de la montaña. Y es que la felicidad es el proyecto del Padre para cada uno de nosotros... Nuestro corazón no anhela ni aspira a otra cosa. Los pobres... Los no violentos... Los afligidos... Los que tienen hambre y sed de justicia... Los misericordiosos... Los sinceros y limpios de corazón... Los que trabajan por la paz... Los perseguidos... El Señor pone la felicidad más allá de facilidades baratas, no propone alegrías fáciles. La felicidad para el Señor es la del hombre que lucha, que no se deja abatir. Es ahí donde reconocemos que no nos agrada la pobreza, que huimos de la dificultad, del dolor... Y si vamos un poco más allá, reconocemos que no somos limpios, misericordiosos o pacíficos. Pero Tú nos muestras la línea a seguir para no perdernos, para alcanzar la verdadera felicidad. «Porque suyo es el Reino de los cielos. .. Heredarán la tierra... Serán consolados... Serán saciados... Alcanzarán misericordia... Verán a Dios... S...

Paradojas evangélicas

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Las bienaventuranzas implican la separación de un cierto tipo de lógica. Jesús, nos toma aparte, nos habla al oído y nos propone una palabra distinta, que, como poco, nos sacude. Las bienaventuranzas no son fruto de una búsqueda humana. Son un don de Dios. Él nos las ofrece y, con ellas, la felicidad. Muchas veces buscamos la felicidad en los sitios más equivocados y de la manera más errónea. Jesús nos propone una felicidad insólita, paradójica, difícil, pero no por eso real. Todo consiste en dejarse decir una palabra sin temor. Recibir este don supone también la disponibilidad para intentar la aventura de ser para los demás presencia creíble del Reino. Dios quiere servirse de nosotros, pequeños, pobres, para hacer palidecer a muchos; para que el mundo comprenda cómo su plan se va realizando.