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Mostrando las entradas etiquetadas como Luz

¿Qué pides?

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Contemplamos hoy la escena del ciego de Jericó, y en ella podemos  vernos reflejados de varias maneras.  Ante todo, porque solo recobramos la luz cuando nos acercamos a Jesús, y nunca agradeceremos bastante la luz que Dios nos ha regalado en Él. Con su Palabra, nos enseña sus caminos e ilumina nuestros ojos para que no tropecemos.  Quizá podamos estar atravesando un momento malo y nos sale espontáneamente la oración que le dirigió el ciego: "Señor, que vea otra vez". "Lo que pide el ciego al Señor, no es oro, sino luz. No le preocupa solicitar otra cosa más que luz… No pidamos al Señor ni riquezas engañosas, ni obsequios de la tierra, ni honores pasajeros, sino luz: No la luz circunscrita por el espacio, limitada por el tiempo, interrumpida por la noche, con la que compartimos la vista con los animales, pidamos esta luz que sólo los ángeles ven como nosotros, que no tiene principio y ni fin". ( San Gregorio Magno) También podemos preguntarnos qué hacemos para que ot...

La transparencia de la humildad

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Jesús no habla en nombre propio,  habla en nombre del Padre. Quiere llevarnos a descubrir a Dios. Hoy alguien se acercó a mí, me preguntó si era creyente, al responderle afirmativamente me dijo que él no era, pero mi pidió que rezara por él. A veces me pregunto si en mi hablar, en mi actuar cotidiano soy transparente, y dejo que los demás le vean a Él. Ojalá el interrogante que suscité hoy no se quede en una anécdota. Jesús, es luz. Ilumina lo oscuro de nuestra vida, aclara el horizonte, cuando las sombras no nos dejan ver más allá que la incertidumbre. El deseo de Jesús, es que le acojamos, pero siempre dejándonos libertad para elegir. Sin imponer. Jesús, quiere que caminemos en la luz, solo en ella está la felicidad. Así, cuando otros nos miren, le vean a Él. Concédenos caminar sin doblez, en la transparencia que solo da la humildad.

Un amor que no conoce límites

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En Navidad, la palabra de Dios resuena con fuerza en el silencio.    En el misterio de la encarnación admiramos el lento y conmovedor acostumbrarse de Dios a ser hombre entre los hombres y mujeres de este mundo. Él está con nosotros, contigo, conmigo.  En estos días todo nos habla de luz, de amor, de pararnos por un momento a preguntarnos por dónde va nuestra vida. Vivir en la luz, en el amor, con un horizonte claro, como hizo Jesús, pasa por dejar que  el amor de Dios fluya a través de mi vida e irradie a mi alrededor para que alcance a todas las personas que se cruzan en mi camino y más allá, porque el amor no conoce de límites. 

Escuchar

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Hoy se nos regala un Evangelio lleno de luz. Una luz que nos invita a entrar en una especial intimidad con Jesús, que pretende hablarnos una vez más al corazón, desvelándonos su rostro de hijo amado. Nuestra única misión es escucharle. Dicho así puede resultar fácil, pero todos tenemos experiencia de que en nuestra vida hay muchas voces que compiten por acallar esa Palabra.  Dejémonos abrazar hoy por la presencia del Padre que nos envuelve en su ternura. Permitámosle decirle a nuestro corazón, a veces confundido, agotado, "tú eres mi hijo amado".  Situémonos, sin miedo, en ese lugar que es para nosotros montaña alta, ese lugar dónde fácilmente reconocemos su rostro y recibamos de Él Palabra resucitada.

Sólo recupero la luz cuando me acerco a Ti

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El Evangelio nos presenta un pasaje conocido y en el que nos podemos ver reflejados de diversas formas. Pero creo que lo más importante es que sólo recuperamos la luz cuando nos acercamos a Jesús. Dios nos ha regalado en Jesús su luz, esa que nos ilumina cuando escuchamos su Palabra, que nos guía para no tropezar, que da calor a nuestra soledad. Nosotros no podemos devolver la vista a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, pero si podemos ayudar a otros a que se enteren de que Jesús sigue pasando e iluminando la vida, si le dejamos. No dejemos pasar la oportunidad.

Un plus de luz

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Bienvenidos de nuevo. Espero que hayáis pasado un buen verano y disfrutado de unas merecidas vacaciones. Aquí continúo con mis pequeñas reflexiones por si a alguien le pueden ayudar. Pablo, en su carta a los de Tesalónica, no quiere que los cristianos miren la muerte de sus seres queridos "sin esperanza". La vida y la muerte son participación en el destino de Jesús. Nos da miedo pensar en nuestra muerte y nos duele la de aquellos a quiénes armamos. Pero tenemos un "plus" de luz que nos da a un color de esperanza: nuestra fe en Jesús y la certeza de que, ya desde nuestro Bautismo, estamos vinculados a su mismo destino. Dios nos tiene destinados a la vida. En la Eucaristía recordemos con frecuencia lo que nos dijo Jesús: "el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día". La Eucaristía es garantía de la vida sin fin.

La luz siempre compromete

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El Espíritu Santo, protagonista en la vida de la comunidad de Antioquía, actúa fuertemente y Bernabé y Pablo son enviados por la comunidad a evangelizar. Comienza su primer viaje misionero. Imitemos el ejemplo de la comunidad de Antioquía, mantengámonos  unidos y dejémonos  animar por el Espíritu para ser fecundos en nuestra misión. Jesús, en el Evangelio,  proclama el misterio de su persona. Es el enviado de Dios. Usa una imagen muy expresiva: «yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas». La luz siempre compromete, porque pone en evidencia lo que hay, tanto si es bueno como si no . Aceptar la Luz implica caminar en la verdad, en el amor. La «tiniebla» es dejarnos manipular por la mentira , y encerrarnos en nuestro egoísmo. Pidamos al Señor vivir siempre en su Luz y siendo luz para los demás.

Yo no te olvido

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El cántico del Siervo de Yahvé, que nos propone la liturgia de hoy, pone el acento en el amor de un Dios que quiere a su pueblo, a pesar de su infidelidad. Un Dios que es pastor, agricultor, médico y hasta madre. Jesús de Nazaret es ese Siervo a quien Dios ha enviado a sanar y liberar y devolver la alegría y la luz. Actúa en nombre de Dios, su Padre. Ha venido a comunicar vida, a sanar, a salvar. Los que crean en Él y le acepten como al enviado de Dios son los que tendrán vida. Los que no, ellos mismos se excluyen. Prepararnos para celebrar la Pascua es tomar la decisión de incorporarnos a Cristo y dejar que nos dé de su misma Vida. Él nos dice, a ti y a mí: «en el tiempo de gracia te he respondido, en el día de salvación te he auxiliado». Dejemos que nos libere de esas ataduras que nos no dejan vivir libremente, dejemos que nos lleve a la luz y nos saque de esa tiniebla en la que seguimos enredados. En ...

Suavidad , cobijo y seguridad

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Jesús nos enseña hoy unas actitudes evangélicas de un fuerte dinamismo y compromiso a través de tres comparaciones: la sal, la luz y la ciudad. La suavidad y la eficacia de la sal La sal sirve para conservar los alimentos y para dar gusto a la comida. Nuestro mundo de hoy está necesitado de esa pizca de alegría, de amor, de renovada ilusión y sentido de la vida. Podemos ser sal contribuyendo a dar a nuestro mundo sabor a Evangelio, allí donde nos encontramos, sin imponernos, con suavidad, en su justa medida. El cobijo de la luz Jesus nos dice,  "vosotros sois la luz del mundo". Estamos llamados a ser portadores de esa luz que es el mismo Cristo: la Palabra de Dios, la certeza de su amor único por cada uno de nosotros, que da un sentido de esperanza a la vida. Luz que sirva de orientación y de cobijo a quien se encuentra desorientado o perdido. La segu ridad de la ciu dad Los cristianos , sin grandes pretensiones , deber...

Descubrirme en tu rostro

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El año nuevo comienzo con una hermosa bendición :" El Señor ilumine su  rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz". Puedo preguntarle hoy cuál es ese  rostro que hace brillar sobre nosotros. Si miro la experiencia de este año que acaba de terminar, descubro un crescendo de un Dios tan cercano, tan humano, tan humilde, tan apasionado, tan misericordioso, tan lleno de cariño, que no aparta su mirada de mí y se interesa por todo lo mío. Como los pastores, también he quedado asombrada ante este rostro sorprendente. Los pastores aprendieron el rostro de Dios admirando en un rostro de un Niño, ellos pudieron acercarse, entrar en contacto con el Dios que se coló en nuestra historia del modo más humilde. María se grabó su rostro dentro, porque Dios quiso hacer morada en su seno de mujer. Y a la luz del rostro del Dios con nosotros yo descubro mi verdadero rostro. Mi...

Entrar en tu luz

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El fragmento de la carta de Juan que leemos hoy puede servirnos para tomarnos el pulso a cómo estamos celebrando Navidad. ¿Hemos entrado un poco más en la luz del Hijo de Dios que ha venido a hacerse uno de nuestra carne amando un poco más a quien tengo al lado? Dios se ha entregado totalmente en su Hijo por amor y para que tengamos vida eterna y nos invita a amarle en el hermano. Quizás habría un poco más de luz en el mundo si nos decidiéramos a poner un poco más de amor en nuestras relaciones personales, ayudados con su gracia. Para ello tenemos el ejemplo del anciano Simeón que supo descubrir, movido por el Espíritu, la presencia de Dios. Aprendamos de él a reconocer a Jesús en lo que no llama la atención, en los pequeños detalles de cada día, y en esas personas de las que, a priori, no esperamos nada.