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Mostrando las entradas etiquetadas como Esperanza

Palabras, palabras

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La lectura de Isaías nos regala hoy palabras frescas, llenas de vida y esperanza, que remueven, que alivian. En nuestro día a día estamos rodeados de palabras que muchas veces no dicen nada o, peor aún, nos llenan de desaliento, nos intentan destruir o simplemente no nos dejan crecer como personas. La Palabra de Dios me busca, quiere algo de mí y me pregunto si tengo la vida preparada y dispuesta para acogerla como la tierra de la que habla Isaías. Solo si colaboro, si escucho atenta, si preparo "mi tierra", la Palabra podrá enraizarse en mí y empapar lo que no acaba de ponerse en marcha. Esta palabra de Dios quiere de mí una vida plena, dispuesta siempre al cambio, una identificación progresiva y auténtica con su mensaje, que no me deje adormecer por otras palabras que no trasmiten movilidad, sino todo lo contrario, pasividad ante quien espera. 

Sintonizar con el dolor

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Supongo que todos hemos escuchado la palabra "empatía", o nos hemos cuestionado hasta qué punto somos capaces de ponernos en "los zapatos" del otro. Entrando hoy en la escena del Evangelio, intentaba ponerme en la piel de ese hombre con el brazo paralizado, que se después de un encuentro, verá cambiada su vida para siempre. Sintonizar con el dolor sanado, con la esperanza renovada, me hace descubrir la invitación de Jesús a ir como Él acogiendo el dolor de los demás. Hay tantos que sufren a causa de la falta de verdadera compasión, y sobre todo de excesiva mirada estrecha. ¡Cuántas parálisis en nuestro mundo esperando escuchar, como aquel hombre, palabras de esperanza "extiende tu brazo"!

Aprendiendo del Maestro

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Contemplar el Evangelio de hoy es descubrir que, cuando Jesús pasa por tu vida, donde había prostación, desgana, falta de compromiso, ahora hay servicio. Es buscar la presencia sanadora de Jesús, ponerse a su puerta y agradecer a Dios por quiénes en la vida nos ayudan a ponernos en pie, a vivir erguidos. Es aprender del Maestro la intimidad con el Padre para desplegar una vida portadora de esperanza, liberadora de miedos, aliviadora de sufrimientos.

El pesebre, algo más que una cuna

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Jesús nos habla hoy de traiciones, muertes y odios por seguir su causa. Quizás resulta chocante después de contemplarle ayer en un pesebre. Pero precisamente ese lugar en el que nace, es el preludio de un mensaje que no es acogido ni comprendido. Hacer presente la buena noticia en este mundo comporta la exclusión en muchos momentos. Incluso hasta dar la vida, como Esteban. Pero el texto habla sobre todo de esperanza. Cuando te sientas acorralado o perseguido por causa de Jesús, el Señor estará a tu lado y pondrá su palabra en tu boca. Su compañía es la mejor prueba de que Dios se hace presente en el mundo, en tu vida. Señor, danos la alegría de gastar la vida en tu servicio. Ayúdanos a saber poner la tienda de nuestra entrega en medio de los hombres para llevarles el tesoro de tu amor que salva.

La sonrisa de Dios

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Parece que en nuestro mundo no hay muchas razones para la alegría. No podemos el mal presente en el mundo, que asume tantas formas ofensivas y crueles. Y mucho menos olvidar el sufrimiento de tanta gente, las tragedias, las violencias, las injusticias... Pero hay un motivo para estar alegres que no podemos perder de vista , y es fundamental: el Señor no nos ha abandonado. Al contrario, se abre paso entre tanta miseria, para traer una alegre noticia a todos los que, de un modo u otro, sufrimos. El Bautista, reconoce honestamente quién es, y desde su realidad deja actuar a Dios en su vida. Y es que no nos acabamos de enterar que la acción de Dios se desarrolla siempre en lo oculto y en lo pequeño. Este tercer domingo de Adviento nos sitúa ante una realidad que nos tiene que llenar de alegría en medio de la dificultad, del dolor, del a veces sinsentido en el que nos movemos, que el Niño ante el que nos postraremos en unos días sabe a qué...

Dios con nosotros

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Jesús es criticado por unos y otros. Por comer y beber con ellos, por compartir su vida. Por ser capaz de alegrarse con quien se alegra y sufrir con el que sufre. Por ser capaz de compartir sus mismos sentimientos. Así es Dios, el Dios con nosotros, el Dios amigo de todos. Un Dios que me espera en mis noches oscuras y en mis días claros. Un Dios que me invita a a arriesgarme a vivir igual, a pesar de las críticas.

Esperando respuesta

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Ante Jesús nadie se muestra indiferente.  Los fariseos y doctores están pendientes de las normas. Los hombres que traen al paralítico, piensan en su amigo enfermo. Este solo anhela la salvación. Expectativas que confluyen ante Jesús. Él sabe lo que cada uno necesita. El paralítico necesita respuestas. La gente necesita un signo. Y los fariseos, que les libere del peso de una ley que les oprime. Levántate y anda, son palabras que todos necesitamos escuchar. También yo. Ante la pereza que quiere vencer, cuando flaquean las fuerzas o faltan los motivos o sientes que no llegas. Siéntete invitado a la confianza de saber que Él está a tu lado y sabe lo que necesitas.

Una inyección de confianza

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Hay etapas en nuestra vida en que nos vemos necesitados de una «inyección de confianza». Basta mirar alrededor y observar que en muchos rostros se ha apagado la luz de la esperanza, que hay mucha gente que camina abatida o está a punto de desesperar. Todavía hoy muchos esperan una palabra de consuelo: «Consolad, consolad a mi pueblo...» .  Recordemos que, como Iglesia, somos depositarios de palabras del consuelo. Y muchos de nosotros las necesitamos urgentemente. En este tiempo de Adviento saquémoslas del cajón y démosle la posibilidad de curar alguna herida.

El mejor adorno

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Pablo escribe a los cristianos de Colosas. Él no había fundado aquella comunidad, ni la conocía. Había sido su discípulo Epafras el evangelizador de aquella región. Aquellos cristianos, aunque no conocían personalmente a Pablo, sentían "un profundo amor" por él. Pablo tenía buenas noticias del "pueblo santo que vive en Colosas". Aprovecha para decirles que la fe en Cristo, "el mensaje de la verdad, se sigue propagando y dando fruto en el mundo entero". Ojalá de nuestras comunidades pueda decirse que son famosas por su "fe en Cristo Jesús" y su "amor a todos los demás" y que "les anima en todo la esperanza". Pidamos al Señor que nos ayude a que el mejor adorno del que podamos hacer gala sean nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, garantía de una comunidad evangelizadora  en medio de la sociedad.

Un plus de luz

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Bienvenidos de nuevo. Espero que hayáis pasado un buen verano y disfrutado de unas merecidas vacaciones. Aquí continúo con mis pequeñas reflexiones por si a alguien le pueden ayudar. Pablo, en su carta a los de Tesalónica, no quiere que los cristianos miren la muerte de sus seres queridos "sin esperanza". La vida y la muerte son participación en el destino de Jesús. Nos da miedo pensar en nuestra muerte y nos duele la de aquellos a quiénes armamos. Pero tenemos un "plus" de luz que nos da a un color de esperanza: nuestra fe en Jesús y la certeza de que, ya desde nuestro Bautismo, estamos vinculados a su mismo destino. Dios nos tiene destinados a la vida. En la Eucaristía recordemos con frecuencia lo que nos dijo Jesús: "el que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día". La Eucaristía es garantía de la vida sin fin.

Una alegría fecunda

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Las persecuciones exteriores nos hacen sufrir, pero también existe esa "persecución interior", esos miedos, cansancios que se  y nos van colando cada día. Es e impulso interior que quiere llevarte a dejar todo,a ir perdiendo pocos poco la esperanza. Las palabras que el Señor dirige a Pablo: «No temas...que yo estoy contigo» también van dirigidas a nosotros cuando vivimos momentos de dolor, de sufrimiento. Nuestra tristeza de hoy está llamada a convertirse en alegría, una alegría profunda, fecunda, como la de la Pascua de Jesús, que alumbra un mundo nuevo y lo salva. A veces buscamos alegría a corto plazo, momentánea, algo que nos evada de los momentos difíciles, y eso nos deja aún más tristeza. La alegría que nos propone Jesús conlleva la fidelidad, y muchas veces el dolor, pero siempre la esperanza de que Él está con nosotros alegrando nuestro corazón, y esa alegría nadie nos la podrá quitar nunca.

Al estilo del Maestro

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Pedro,en la lectura de los Hechos, predica a Cristo Resucitado. Vive de esa convicción y la comunica, aunque eso lo lleve a prisión. Los apóstoles,en el Evangelio, han vuelto a sus ocupaciones. En su Galilea, Alguien les indica que echen las redes. Pedro se lanza al agua y se acerca a Jesús. El almuerzo preparado, juntos de nuevo alrededor del Maestro, después del abandono en el momento de la Cruz. Nuestra vida pasa también por fracasos, por trabajo que no da el fruto esperado, por muchas decepciones que hacen difícil el camino. Las lecturas de hoy nos invitan a no perder la esperanza ni dejarnos llevar por el desánimo. Nuestras fuerzas son pocas, pero con el Señor, el Resucitado, que en cada Eucaristia se nos da como alimento, podemos mucho. Aprendamos también de Jesús a ser amables y acogedores cuando el que fracasa o tiene la tentación de tirar todo por la borda es el otro, seamos capaces de crear ambientes de amistad y de descanso para quien viene roto; dirijamos palabras ...

Y al conocer, se vio desnudo y débil

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En una escena muy viva se nos cuenta hoy que después del pecado cometido, Adán y Eva se defienden, se esconden, se echan la culpa mutuamente. Dios anuncia un castigo y, junto a él, aparece una palabra de esperanza: «enemistades entre la descendencia de la mujer y la de la serpiente: ella te herirá en la cabeza». El hombre quiso ser como Dios y conocerlo todo, y se vio desnudo y débil. El mal que hay de en el mundo no se debe a Dios, sino al desorden del pecado que hemos introducido nosotros en su plan. Ya no hay armonía ni equilibrio, tenemos miedo de Dios, no nos entendemos entre nosotros y nos culpamos mutuamente. Ha habido ruptura, la armonía y el equilibrio ya no funcionan. Los conflictos se suceden. El trabajo nos cuesta. No damos a luz nada sin esfuerzo. No hay paz. Pero los cristianos escuchamos las palabras de esperanza de Dios y sabemos que la victoria de Cristo sobre el mal ya han tenido lugar en la Pascua y que nosotros estamo...

Adviento, tiempo de abrir los ojos

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El tiempo de Adviento lo vivimos  desde nuestra historia concreta. Las lecturas de estos días nos hablan de un mundo que, a pesar de todos sus defectos, tiene remedio. El Adviento nos recuerda que Dios nos quiere liberar de las injusticias, de las opresiones, de los miedos. Los dos ciegos del Evangelio de hoy son el reflejo de todos aquellos que ahora mismo están clamando desde su interior, desde la pobreza y el hambre, la soledad y la enfermedad, la injusticia y la guerra, un Salvador. Quizás hoy nosotros nos podamos preguntar si hemos caído en la cuenta de nuestra necesidad de salvación, si reconozco en mí algún tipo de ceguera que quiero que Jesús toque y cure. El Adviento es una invitación a abrir los ojos, a esperar, a permanecer en búsqueda, a pedir, «ven, Señor Jesús», a dejarnos salvar. Sea cual sea nuestra situación, Jesús siempre está dispuesto a alargar su mano para sanar y que podamos seguir adelante con una esperanza renovada, porque nos asegura que él est...

Manteneos en pie

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Todos necesitamos un "motor", algo que de sentido a nuestra vida y nos anime a no dormirnos, a hacer frente a las dificultades de esta vida, y no siempre sabemos conectarnos a la "wifi" del Espíritu. ¿Qué nos falta? Estar de pie, ante Cristo, es estar en vela y en actitud de oración, mientras vivimos, con todo lo que conlleva, de alegría y de sufrimiento, en medio del trabajo y del ocio. No importa tanto si la venida de Jesús está próxima o no: para cada uno está siempre próxima, y lo importante es estar atentos para que no se nos escape su presencia en su venida diaria a nuestra existencia, en los sacramentos, en la Eucaristía, en los hermanos, en los pequeños o grandes acontecimientos que nos toque vivir. En la Eucaristía encontramos los cristianos la mejor preparación para su venida: "cada vez que coméis este pan y bebéis este vino (momento privilegiado del "hoy"), proclamáis la muerte del Se...

Creados para la vida

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Hablar o pensar en la muerte nos llena de preguntas y, por qué no decirlo, de un cierto temor.  En la  primera lectura escuchamos unas palabras que nos llenan de esperanza :  "La misericordia del Señor no termina, no se acaba su  compasión... El Señor es bueno para los que en él esperan y lo  buscan. Es bueno esperar la salvación del Señor".  Y es que Jesús ya nos ha precedido en el paso  de la muerte a la vida y nos transformará a todos "según el  modelo de su condición gloriosa, con esa energía que posee  para sometérselo todo", como nos ha dicho Pablo. No sabemos  cómo será la muerte, pero tenemos la certeza  de que al final  del camino seremos invitados a participar de la vida de aquél en quien creemos. Celebrar este día nos recuerda que vamos hacia un destino, que nos espera una morada preparada por el mismo Jesús. Y,...