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El amor no se pierde en palabras

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Hola a todos, muchos días sin escribir, ¿verdad?  Demasiados acontecimientos en mi vida requerían silencio en toda su amplitud, pero aquí estoy de nuevo, para compartir este pequeño espacio con vosotros. Al quedarme a solas con el Evangelio de hoy me detenía en la frase que sale de la boca de los demonios "Tú eres el Santo de Dios". Me preguntaba cuántas veces salen de mi boca palabras "bonitas" dirigidas al Señor, pero que muchas veces no se traducen en amor y en entrega a los demás. Quizá una bonita petición para este día podría ser que mi amor no se pierda en palabras. Y me llamaba la atención la autoridad de Jesús y la fuerza de la expresión "Cállate y sal de él". Qué bien hace a nuestro corazón poner delante de Él todas esas cosas, situaciones o personas, que de un modo u otro nos esclavizan, nos hacen enmudecer o nos acorralan, nos aplastan o sacan lo peor de nosotros, para que las silencie y las libere quien puede de verdad hacerlo. G...

La tranquila convicción de Juan

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Jesús va hacia Juan. A este no le pasa desapercibido, aunque Jesús se mezcla entre todos, como uno de tantos. El Señor nos sale al paso en rostros inesperados, en situaciones cotidianas, en historias con sabor a lo de cada día. A veces, no tenemos los cinco sentidos tan atentos como Juan. Juan cuenta lo que ha visto. Quizás hoy sea buen momento para traer a la memoria lo bueno de Dios y por qué merece la pena su evangelio.  Juan nos deja esa frase que en cada Eucaristía se repite mostrándonos a Jesús: He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y es que Dios, en Jesús, viene para restaurar lo que está roto, sanar lo que está herido, acabar con el pecado que nos hace tanto daño.  Señor, ayúdanos a contagiar esperanza y la tranquila convicción de Juan, de que sólo Tú eres el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. 

Quién más, quién menos

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El profeta Joel nos invita hoy a la conversión, a volver a Dios. Quien más quien menos, todos somos débiles y pecadores, no hace falta que seamos grandes criminales. También podemos convertirnos a Dios desde nuestras pequeñas mediocridades y perezas. Hoy podría sonar una sencilla invitación a la vigilancia y al cambio de vida, a través del ejemplo de las personas que nos rodean, o de la palabra y, si tenemos visión de fe, de los acontecimientos de la historia, agradables o no. Estemos atentos.