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Amar sin límite de duda

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Jonás, es enviado a Nínive para anunciar la conversión. Quizá, como él, a veces pueda sentirme sobrepasada por la tarea que el Señor pone en mis manos u otras, me resista a creer que en aquello que me provoca dolor o desconcierto, Él quiera hacerse presente o me sienta incapaz de acoger la invitación de salir al encuentro de aquellos a quienes siento lejos o me han herido. Jonás anuncia una palabra de conversión, un reorientar la vida hacia el Señor, volverse hacia su amor. Los ninivitas acogen ese movimiento. Tal vez el Señor, en esta Cuaresma, me está invitando a dejar que su palabra ponga en movimiento esas partes de mí que están replegadas, que aún me resisto a exponer ante su mirada. Acoger hoy tu palabra supone un salto a ir más allá de toda duda que impide un encuentro con tu amor compasivo, que siempre espera mi regreso, así como estoy en cada momento.Que pueda dejar que tu amor entrañable me mueva a amar sin límite de duda.

El signo del amor

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Jonás aparece en la Cuaresma no precisamente como modelo de creyente ni de profeta. Nínive era una ciudad pecadora y Jonás teme el fracaso en su misión. Además, se enfada ante la misericordia de un Dios que no va a castigar a los ninivitas. Los habitantes de Nínive hicieron caso a la primera a la voz del profeta Jonás y se convirtieron. Jesús se queja de sus contemporáneos porque no han sabido reconocer en él al enviado de Dios. Nosotros escuchamos la palabra de uno mucho más sabio que Salomón y mucho más profeta que Jonás, ¿la acogemos en nuestra vida? ¿Nos sentimos invitados a la conversión a la que nos llama la Cuaresma de este año? La palabra de Dios nos señala caminos concretos: un poco más de control de nosotros mismos (ayuno), mayor apertura a Dios (oración) y al prójimo (caridad). ¿Hemos buscado ya el nuestro? Pidamos al Señor que nos haga comprender cada...