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En Ti, mi paz

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En Éfeso, Pablo encuentra unos doce hombres, creyentes, pero que sólo han recibido el bautismo de Juan Bautista y no conocen al Espíritu Santo. . Pablo les instruye sobre la relación entre el bautismo de Juan y la fe en Jesús. Ellos.aceptan la fe, son bautizados de nuevo, en el nombre de Jesús, y reciben el Espíritu con la imposición de manos de Pablo. Sigamos aprendiendo de la pedagogía de Pablo. Él no rechaza  sin más la situación en que se encuentra cada uno, parte de los valores ya asimilados, y que suponen una buena base para el camino hacia Cristo, dejando actuar al Espíritu Santo. En el evangelio, Jesús, parece poner en duda la fe de los Apóstoles: «¿ahora creéis?». Sabe que dentro de poco le van a abandonar todo. Jesús los anima antes de que pase. Les ayuda a hacer fuerte su fe, que va a sufrir la.mayor de las pruebas, la separación del Maestro.  Pero la victori...

Un Espíritu que nos ayuda a mantener el tipo

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Pablo hace que nos cuestionemos nuestra actuación como cristianos. ¿Cómo afrontamos las dificultades? ¿Perdemos el ánimo o sabemos aprovechar toda circunstancia para seguir anunciando a Jesús? En momentos duros cuesta "mantener el tipo", puede que lo primero que acuda sea la tristeza y que surja en nuestro corazón, como en el de los Apóstoles, poder ver a Jesús, experimentar su presencia a nuestro lado. Es normal buscar seguridades y una prueba visible de que no estamos solos. Leyendo el Evangelio de hoy el corazón arde, como el de los discípulos de Emaús, ante una doble presencia que nos llena de ánimo y confianza, la presencia del Resucitado, y la del Espíritu, defensor, maestro que hace madurar la fe ¿Dónde experimentar vivamente la presencia del Resucitado en nuestra vida? Diría que la forma privilegiada es la Eucaristía, donde la fuerza  del Espíritu hace posible que el pan y el vino se conviertan para nosotros en el Cuerpo y Sangre del Señor, y que en cada comuni...

Anclados en Ti

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Todos necesitamos en algún momento que se nos anime en nuestro camino de fe. Las dificultades pueden venirnos de dentro de nosotros mismos o de fuera. La primera lectura nos recuerda hoy tres cosas que pueden infundirnos ese ánimo que necesitamos. En primer lugar la fidelidad de Dios que no se desdice nunca de sus promesas y no se deja nunca ganar en generosidad. El ejemplo de tantos que a lo largo de los siglos han experimentado en sus vidas el amor y la ternura de Dios y la han derramado alrededor. Y, la invitación a aferrarnos al ancla de nuestra esperanza, que es Jesús. Para los que nos hemos criado cerca del mar me parece una hermosa comparación. Cuando nos encontremos en medio de las "olas de la vida", recuperemos el ánimo y la fuerza echando el ancla en Jesús, como una barca que busca terreno firme para no volcar.