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Mostrando las entradas etiquetadas como Compasión

Algo nuevo late en todo lo que pasa

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Leyendo a Isaías constato la cantidad de cosas que no entiendo, que se me escapan... pero a la vez la certeza de que no nos abandonas, que no te olvidas, que estás cerca...  Todo un Dios nos cuida, nos quiere incluso allí en nuestros más oscuros recovecos y nos ofrece un futuro cargado de amor, de alegría, de esperanza. No un futuro a largo plazo, sino una promesa hecha realidad aquí y ahora.  Algo nuevo late en todo lo que pasa, porque Él está y permanece, y se ofrece. Y junto a El todo es posible.

Amar sin límite de duda

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Jonás, es enviado a Nínive para anunciar la conversión. Quizá, como él, a veces pueda sentirme sobrepasada por la tarea que el Señor pone en mis manos u otras, me resista a creer que en aquello que me provoca dolor o desconcierto, Él quiera hacerse presente o me sienta incapaz de acoger la invitación de salir al encuentro de aquellos a quienes siento lejos o me han herido. Jonás anuncia una palabra de conversión, un reorientar la vida hacia el Señor, volverse hacia su amor. Los ninivitas acogen ese movimiento. Tal vez el Señor, en esta Cuaresma, me está invitando a dejar que su palabra ponga en movimiento esas partes de mí que están replegadas, que aún me resisto a exponer ante su mirada. Acoger hoy tu palabra supone un salto a ir más allá de toda duda que impide un encuentro con tu amor compasivo, que siempre espera mi regreso, así como estoy en cada momento.Que pueda dejar que tu amor entrañable me mueva a amar sin límite de duda.

Inventario

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Quizá al leer el Evangelio de hoy podemos caer en la tentación de pensar en hacer una especie de "inventario" de aquello que he cumplido o no he cumplido respecto a lo que dice Jesús. Creo que la invitación de Jesús va más allá, hasta caer en la cuenta de cómo Él se me quiere acercar en el rostro y en las vidas de aquellos que menos espero. Quizá, más que responder a qué tengo que hacer o dejar de hacer, la respuesta que se me pide en esta Cuaresma tiene más que ver con la pregunta de hacia dónde y hacia quiénes estoy centrando mi mirada.  Quizá, en estos últimos momentos del día, sería bueno dejarse invadir por esa llamada a dirigir el corazón hacia una compasión activa y una actitud más contemplativa, desde el reconocimiento de aquello y de aquellos que hoy me siguen mostrando la presencia de Jesús en mi vida.

Suelo por el que caminar

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Todos nos hemos encontrado algún tesoro en alguna ocasión. Esa persona, ese don especial, ese recuerdo del corazón que nos sostiene, que nos da seguridad, confianza en nosotros mismos, que nos da, de algún modo, "suelo" por el que caminar. Y a ese tesoro le dedico tiempo, esfuerzo, lo valoro, de algún modo me pone en marcha, dota a mi vida de un sentido cuando me siento "baja", cuando lo demás "falla".  Esta tarde pienso en los "tesoros efímeros" que he perseguido en otros tiempos, y los comparo con la propuesta del Evangelio. ¡Qué tesoro tan distinto! ¡Qué belleza empezar a descubrir la bienaventuranza del Reino, la compasión, la verdad, la justicia, el Amor!  Hay un Tesoro por el que merece la pena "vender lo que se tiene", que cuando lo tienes en tus pequeñas manos, todo lo demás va alcanzando su justo valor en tu vida. 

Compasivos

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Nos dices que seamos compasivos como el Padre es compasivo. Una meta un poco alta. Para eso es necesario reconocer humildemente cómo nos has tratado, tu ternura, tu paciencia, tu misericordia... y hacer lo mismo en pura gratuidad. Nos invitas a no juzgar, a no condenar, a tomar la iniciativa en eso de hacer el bien, en pronunciar la primera palabra que construya y cree vida. Enséñame, Señor, de compasión.

Sintonizar con el dolor

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Supongo que todos hemos escuchado la palabra "empatía", o nos hemos cuestionado hasta qué punto somos capaces de ponernos en "los zapatos" del otro. Entrando hoy en la escena del Evangelio, intentaba ponerme en la piel de ese hombre con el brazo paralizado, que se después de un encuentro, verá cambiada su vida para siempre. Sintonizar con el dolor sanado, con la esperanza renovada, me hace descubrir la invitación de Jesús a ir como Él acogiendo el dolor de los demás. Hay tantos que sufren a causa de la falta de verdadera compasión, y sobre todo de excesiva mirada estrecha. ¡Cuántas parálisis en nuestro mundo esperando escuchar, como aquel hombre, palabras de esperanza "extiende tu brazo"!

No se puede esperar más de Ti

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Jesús acoge a todos los que padecen y sufren. No se puede esperar más de Dios. En los momentos de dificultad podemos estar junto al Señor. Jesús lleva esperanza allí donde no la hay, o donde se nos tambalea. Con Él se transforma la realidad porque sostiene cada paso. Jesús se compadece de los que le siguen y no tienen qué comer, pero también se compadece de ti, de tus hambres, de tus anhelos. Dios padece contigo, ponte junto a Él y descubre cómo el amor transforma la vida.

Una presencia compasiva

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Celebramos hoy a san Lucas y es que el encuentro con Jesús no deja a nadie indiferente, siempre genera movimiento, te pone en camino. Puso a Lucas, igual que hoy nos pone a ti y a mí como presencia compasiva en la realidad que nos rodea. Muchas veces nos da miedo, otras brotará la alegría al vernos pequeños ante una realidad a menudo violenta y herida. Porque nos envía despojados, sin ataduras, libres y entregados, hermanos de todos; a anunciar una buena noticia encarnada en el sufrimiento y el dolor de cada uno. Él envía, pero va por delante. Él confía, cuenta contigo, conmigo. De nuevo la palabra llega hasta ti. Deja que toque tu vida. Al leer, date cuenta de que el Señor te envía por delante, a preparar el camino. Él confía en ti, te necesita y cuenta contigo. Su amor y su gracia nos acompañan.

Un programa concreto y progresivo

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Empezamos la segunda semana de Cuaresma. Daniel,en una hermosa oración, reconoce la culpa del pueblo de Dios, que ha hecho oídos sordos a la voz de los profetas. Reconoce emocionado la fidelidad y bondad de Dios. Del reconocimiento de sabernos pescadores y pedir perdón, pasamos a la invitación de Jesús, que siempre va más allá, de saber perdonar nosotros a los demás. El modelo que nos propone es el mismo Dios y el programa, concreto y progresivo: «sed compasivos... no juzguéis... no condenéis... perdonad... dad». Reconocer nuestra fragilidad es el punto de partida indispensable para la conversión. La palabra nos invita a mirar nuestra historia,ver la bondad de Dios en ella y a volvernos a Él, seguros de que Dios, como un padre misericordioso, nos acogerá. El siguiente paso, el que nos propone Jesús: ser compasivos y perdonar a los demás como Dios es compasivo y nos perdona a nosotros. Hoy será...