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Mostrando las entradas etiquetadas como Amor incondicional

El instante de un encuentro

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¿Quieres curarte?...Una pregunta sugerente en un lugar donde el dolor parece invadirlo todo. En aquella piscina, donde a nadie le gustaría estar, resuena una pregunta ante la que un hombre paralizado durante muchos años recobra el vigor perdido. Y es que, Jesús, se ha detenido junto a él y allí donde parecía existir solo sufrimiento y desesperanza ha surgido de nuevo la dignidad humana. En muchos de nuestros ambientes también reina la desesperanza, la angustia, el no ver salida a muchas situaciones. Nuestros ojos pasan ante muchos soportales, esquinas de calles, cajeros "ocupados" en la noche, cartones en bancos, en rincones de cualquier plaza... Jesús sigue queriendo llegar,  poner la mirada, permanecer, conversar...y allí donde hay alguien que se siente nada, derramar su novedad, quitar el lastre de "camillas inservibles", compañeras de dolor y soledad; liberar de ataduras que mantienen la vida paralizada y el corazón insensible. Muchos años de os...

Algo nuevo late en todo lo que pasa

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Leyendo a Isaías constato la cantidad de cosas que no entiendo, que se me escapan... pero a la vez la certeza de que no nos abandonas, que no te olvidas, que estás cerca...  Todo un Dios nos cuida, nos quiere incluso allí en nuestros más oscuros recovecos y nos ofrece un futuro cargado de amor, de alegría, de esperanza. No un futuro a largo plazo, sino una promesa hecha realidad aquí y ahora.  Algo nuevo late en todo lo que pasa, porque Él está y permanece, y se ofrece. Y junto a El todo es posible.

Vivir a la escucha

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Hay un importante paso previo a la acción, vivir a la escucha.  Muchas veces en nuestra relación con Dios creemos que lo importante es actuar, especialmente en este tiempo de Cuaresma...ayuno, limosna, abstinencia... creemos que lo de Dios tiene que ver con actuar, con hacer. Y nos sumergimos en activismo sin descanso, sin dejar espacio a la Palabra... Hablamos más, escuchamos menos... Intervenimos mas, acogemos, menos...   Jesús hizo una parada para escuchar una voz, una voz que le recordaba cual era su identidad: Tú eres mi hijo, el escogido. También hoy la voz del Padre me invita a vivir como hija.  Frente a tantas voces que pretenden frenarte, palabras que hieren y que nos dicen que valemos poco, dejemonos llenar por esa voz, Tu eres mi hijo. Cuaresma es tiempo de hacer un alto y ponernos a la escucha de un Dios que nos invita a vivirnos como únicos. Dejemos que su voz  acampe en lo más íntimo de nosotros y nos renueve.

Sentir la cruz

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La Pasión de Cristo nos sitúa frente al sufrimiento humano,  pero también ante un amor que todo lo fecunda. La cruz me habla de esperanza, de un futuro para esta tierra herida. Contemplar la cruz, sentirla, dejarme tocar por ella. Permanecer y tener el valor de no volver el rostro, de no huir.  Contemplar y saber que tu cruz me da vida y solo ante ella soy verdaderamente yo misma.

Una historia de entrega

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Triste por la traición, triste por el dolor de los demás, triste, por el amigo que va a traicionarle.  Jesús  sabe que el culmen de su historia de entrega por la humanidad solo puede pasar por la cruz para ser verdaderamente redentora. Y Jesús acepta el precio del amor que le mueve. Señor, que sepa seguirte, pasando por la cruz con la e speranza de la resurrección.