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Dios nos ha enviado a su propio Hijo para que quienes entremos en comunión de vida con Él, por medio de la fe, vivamos como hijos de Dios. Jesús se ha convertido para nosotros como en la Escalera Santa por la que podemos llegar a poseer todo lo que nuestro Padre h a prometido a los que lo aman.  Fuera de Jesús no hay otro Camino que nos haga conocer el amor de Dios. No podemos pretender convertirnos en mensajeros de la Buena Nueva, si antes no subimos a Dios mediante la oración, meditación y experiencia de su Palabra. Sólo de la intimidad con Él brota el testimonio. Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María y de los santos Arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que seamos portadores del amor misericordioso que Dios quiere que llegue a todos los hombres.

En tus manos

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Nadie se salva a sí mismo. Cualquier esfuerzo que pudiéramos hacer para intentar conseguir la salvación sólo con nuestras fuerzas fracasaría. Es Jesús quien nos ha salvado y el que sigue  intercediendo por nosotros. Él ha  asumido nuestra debilidad y nos reconcilia continuamente con su Padre. Los sacerdotes participan del sacerdocio de Cristo. Nuestras iglesias y capillas son imagen simbólica del verdadero Templo, el mismo Jesús,  en el que sucede nuestro encuentro con Dios. Los sacrificios que hacemos, incluida la ofrenda que cada día hacemos de nuestra vida a Dios son participación del sacrificio de Cristo. En cada Eucaristía entramos en ese movimiento de entrega de Jesús, nos sumamos a su sacrificio único, colaborando así a nuestra salvación y a la del mundo. Pidamos al Señor saber dejarnos cada día más en sus manos.

Escrito en el corazón

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El autor de la carta a los Hebreos cita hoy al profeta Jeremías, que ya anunciaba la Nueva Alianza que Dios ha pensado ante el fracaso de la Alianza del AT. Esta Alianza estará impresa en el corazón y no en tablas de piedra. Y espera fidelidad de aquellos que la acojan. Jesús es Mediador de esta Alianza.  Nosotros pertenecemos a ella, a la «Nueva Alianza». Pensemos por un momento si dejamos que el Señor vaya "escribiendo" en nuestros corazones su voluntad o seguimos con la tentación de lo meramente exterior y ritualista, como los israelitas. En la Eucaristía recibimos «la Sangre de la Nueva y eterna Alianza». No sólo creemos en Jesús, sino que participamos de su misma vida, la que nos comunica, en su Palabra y en el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre. Pidámosle que nos ayude a vivir según el espíritu de esta Nueva Alianza.

A nuestro favor

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Jesús, no necesita ofrecer sacrificios cada día, ni ofrecerles por sus propios pecados, ni ofrecer sacrificios de animales como hacían los sacerdotes del Templo. En el salmo de hoy escuchamos:  «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides sacrificio expiatorio: entonces yo digo, aquí estoy para hacer tu voluntad». Por eso, «Jesús puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor». Eso es Jesús para nosotros, un Sacerdote santo, que vive y está siempre intercediendo por nosotros. Un Sacerdote que en cada misa actualiza para nosotros su entrega de la Cruz y nos hace entrar en esa misma dinámica, invitándonos a ofrecer a Dios nuestra vida. Un Sacerdote que en el sacramento de la Reconciliación nos comunica su victoria contra el pecado. Que en la oración litúrgica nos une a su alabanza al Padre y a su súplica por es...

Por él, con él, en él

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La carta a los Hebreos centra hoy nuestra atención en Jesús como Sumo Sacerdote, el que era, el que es, el que será. Jesús ha sido constituido Sacerdote y Mediador en ambas direcciones. Siendo Hijo de Dios, nos trae la salvación, el perdón, la Palabra, y siendo Hermano nuestro lleva al Padre nuestra alabanza, nuestras peticiones, nuestras ofrendas. Todo lo recibimos de Dios por él, con él, en él. Todo lo nuestro sube al Padre por él, con él y en él. En cada celebración de la Eucaristía, Jesús se da a Sí mismo y se entrega sin límites a los hombres, como Sacerdote y Víctima. Toda su vida ha sido una donación continuada. Pidamos al Señor, aprender de Él a vivir entregados a los demás

Ser "puentes"

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La carta a los Hebreos nos presenta hoy a Jesús como sacerdote que se entrega libremente por nosotros y que ahora es nuestro Mediador ante el Padre. No es un sacerdote cualquiera, sino uno que sabe lo que es sufrir, porque lo ha experimentado en su propia carne, hasta la muerte de cruz. Él se ha solidarizado con nosotros hasta lo más profundo. Podemos preguntarnos cuál es nuestro propio estilo de ser mediadores para los demás. ¿Somos comprensivos como él? ¿aceptamos a los demás tal como son? ¿les ayudamos en la medida de nuestras posibilidades? ¿hacemos el bien a nuestro alrededor aunque suponga renuncia o dolor? Pidamos a María que nos ayude a vivir de tal modo, que seamos pequeños "puentes " entre las personas y Dios.