La mirada fija de un mendigo que espera algo detiene a Pedro y a Juan. La mirada de Pedro, el contacto de la mano, las palabras que le dirige: «en nombre de Jesucristo Nazareno, echa a andar», y la curación del buen hombre hasta seguirles dando brincos al Templo, ante la admiración de la gente, es la escena que nos presenta Lucas en la primera lectura de hoy. El Resucitado está presente, actuando a través de su comunidad. Lucas, ahora en su evangelio, describe el «viaje de ida y vuelta» de dos discípulos desde la comunidad a su aldea y ésta de nuevo a la comunidad, desde Jerusalén a Emaús y desde Emaús a Jerusalén. El viaje de ida es triste con sentimientos de derrota y desilusión: «nosotros esperábamos...». No reconocen al caminante que se les une. El viaje de vuelta es exactamente lo contrario: corren llenos de alegría, los ojos abiertos ahora a la inteligencia de las Escrituras, impacientes por anunciar su experiencia a la comunidad. En medio ha sucedido algo que cam...