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Convertirnos a la gratitud

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En pocos días la Iglesia proclamará santo a Don Manuel González García, obispo que fue de Málaga y Palencia, el hombre eucarístico, el hombre del reconocimiento, que es lo contrario a aquel que reivindica, reclama, conquista. La gratitud nace del «sentido de una deuda», de una clara conciencia, no de aquello que se me debe, sino de «lo que debo». Creo que D. Manuel vivió su vida como un recibir, y no como un tomar, convirtiéndola en una acción de gracias que no se agotó en su oración, sino que ésta fue el punto de partida y de llegada de sus obras. Dicen que una nota característica de la gratitud es la alegría de vivir . El agradecimiento que el Señor espera de nosotros  es nuestro cariño, el calor de nuestra compañía,  nuestra apertura  a la sorpresa, a la alabanza, a la adoración. No hay mejor modo de «decir gracias» al Señor que celebrar...

Sígueme

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"Es la palabra de la intimidad [...] equivale a decir : conozco tan bien tu pasado, tu presente y tu porvenir, me fío tanto de tu cariño, me encuentro tan a gusto junto a ti, te necesito tanto para mí gloria y me necesitas tanto para tu dicha, que no quiero vivir sin ti " (Beato Manuel González) En el evangelio de hoy encontramos tres tipos de llamada que hace Jesús a su seguimiento y que, en un primer momento pueden parecernos paradójicas. Las respuestas no debemos tomarlas al pie de la letra sino como un modo de expresar la urgencia del Reino. En el seguimiento no se nos permite instalarnos cómodamente, el Reino es una llamada a salir de nosotros mismos. No podemos dar largas a nuestro seguimiento, pues el Reino es una tarea siempre urgente. No debemos dejarnos distraer, sino poner siempre nuestra mirada en Dios y en la misión que nos confía. Pidamos a María que nos conceda ser fieles seguidores de su Hijo.

Sin olvidarnos de la misericordia

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En la Fiesta de María Magdalena

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María Magdalena reconoce a Jesús por el amor, por encima de su apariencia, como le sucederá más tarde a los Apóstoles. Escuchó su nombre y donde antes había oscuridad, la luz volvió a brillar. María Magdalena llora por  ese Jesús, que había sido tan importante en su vida, en su historia, por quien hoy era ella misma.  Un cambio del dolor a la alegría. De nuevo la presencia de Jesús anima  a seguir confiando en sus promesas. Que esta Fiesta nos  ayude a permanecer siempre fieles al lado de Jesús y gozar de su presencia, aunque a veces no lo reconozcamos.

Un poco de ternura

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Su entrega

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Tan a nuestro alcance

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Sígueme, una palabra con historia

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Maestro, di

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Ve allí muchas veces para que te de tu ración