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Mostrando las entradas etiquetadas como Pan de Vida

Algo nuevo late en todo lo que pasa

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Leyendo a Isaías constato la cantidad de cosas que no entiendo, que se me escapan... pero a la vez la certeza de que no nos abandonas, que no te olvidas, que estás cerca...  Todo un Dios nos cuida, nos quiere incluso allí en nuestros más oscuros recovecos y nos ofrece un futuro cargado de amor, de alegría, de esperanza. No un futuro a largo plazo, sino una promesa hecha realidad aquí y ahora.  Algo nuevo late en todo lo que pasa, porque Él está y permanece, y se ofrece. Y junto a El todo es posible.

Para desear comer es imprescindible tener hambre

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No es nada nuevo en Jesús que ahonde en nuestro corazón hasta hacernos tomar conciencia de nuestra necesidad más profunda, poner al descubierto la necesidad más latente, más radical de nuestra vida. Y no hay nada más vital que el hambre y la sed... Él mismo se propone como pan de vida, algo esencial, indispensable, insustituible para la existencia. Y no habla en sentido metafórico, dado el escándalo que provoca en quienes le escuchan. Cuántas veces dice una madre a su hijo, "te comería".  Y que es ese deseo de "comer" a la persona amada entra en la lógica del amor, en el deseo de asimilación, e implica cercanía, comunicación, identificación."El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna... El que come me carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él".   Por medio de la fe en Jesús que se nos da como alimento, somos "descentrados", nuestra morada está en Él. Miremos con agradecimiento lo que su amor ha preparado para noso...

Sitios vacíos que abarrotan

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Me viene a la memoria un texto que escribía San Manuel González, decía algo así: La gente tiene hambre de verdad, de cariño, de bienestar, de justicia, de cielo, y quizá, también, sin que se dé cuenta, tiene hambre de Dios. El Evangelio de hoy es rico en matices, al menos a mí me evoca muchas cosas, pero quisiera centrarme en una cosa. En el pan y en esas gente a quienes quitar el hambre. Hace un rato he llegado de misa y en el camino de vuelta, no he podido menos que pensar en la desproporción de las playas abarrotadas y en los "sitios vacíos que abarrotan" nuestras parroquias en los últimos tiempos. Pensaba en la pregunta que los Apóstoles dirigen a Jesús ¿dónde compraremos pan para tantos?... y nosotros, quizá, dirigiríamos hoy a Jesús la pregunta ¿dónde compraremos el "hambre" que cada día escasea? ¿qué hacemos, Señor, con las sobras, con el pan que queda intacto por falta de comensales? ¿cómo avivar las ganas de ese pan de vida? Una frase de ...

Una nueva condición

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El bautismo nos ha hecho morir con Cristo y resucitar con él a una nueva vida.  Pablo nos recuerda hoy la consecuencia: "ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba". Vivir así supone hacerlo con una mentalidad no terrena, según los instintos que tiran de nosotros de alguna manera. Significa vivir como personas libres, resucitadas, "revestidos de la nueva condición" de cristianos. La motivación no es otra que esta: "vuestra vida está con Cristo". Pidamos al Señor que cada día se vaya notando en nuestras vidas que escuchamos su palabra y recibimos su Cuerpo y su Sangre, que con ello se nos va comunicando su "nueva condición", y nos da la fuerza para no aferrarnos a la  terrena.

Tener vida

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Una vez más la iniciativa de Jesús nos sorprende eligiendo como Apóstol a quién menos hubiéramos esperado, un perseguidor de los suyos. Pablo acoge con generosidad y firmeza la llamada del Maestro. El encuentro con el Resucitado transforma su vida, que dedicará al anuncio del Evangelio. Cabría preguntarse si, como Jesús, sabemos dar un voto de confianza a las personas o si respondemos a las llamadas del Maestro con la misma prontitud que Pablo. Llegamos,en el Evangelio,al final del discurso del Pan de la vida, Jesús habla de comer y beber la Carne y la Sangre que va a dar para la vida del mundo en la cruz. Dos versículos nos describen las consecuencias que la Eucaristía va a tener para nosotros, según el pensamiento de Cristo: «el que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él» . Y añade: «el Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre: del mismo modo, el que me come vivirá por mí». La unión de Cristo con su Padre es única, vital y profunda. Así quiere que s...