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Mostrando las entradas etiquetadas como Virtudes

Con tu ayuda

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Hoy se nos ofrece una motivación interesante para estimular nuestra perseverancia y fidelidad, la ayuda fraterna: «fijémonos los unos en los otros para estimularnos a la caridad y a las buenas obras». En muchos momentos de nuestra vida podemos vernos reflejados en este pasaje cuando aparecen la tentación del desánimo y sentimos que la vida nos pesa. ¡Cuánto nos ayuda y qué bien nos hace la ayuda de los hermanos en nuestro seguimiento de Jesús! Una palabra de ánimo, una sonrisa, un acompañamiento, una amistad. Ese poder compartir con otros lo que somos y vivimos cuántas veces es motivo de aliento, nos carga las pilas y nos ayuda a seguir con más confianza. Pone un ejemplo interesante: «no desertéis de las asambleas. como algunos tienen por costumbre». Se ve que lo de no acudir a la misa del domingo es muy antiguo. ¿Será que tiene mayor importancia de la que le damos? ¿No puede ser una e...

Humildad y oración

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Para ser santos necesitamos humildad y oración. Jesús nos enseñó el modo de orar y también nos dijo que aprendiéramos de Él a ser mansos y humildes de corazón. Pero no llegaremos a ser nada de eso a menos que conozcamos lo que es el silencio. La humildad y la oración se desarrollan de un oído, de una mente y de una lengua que han vivido en silencio con Dios, porque en el silencio del corazón es donde habla Él. Impongámonos realmente el trabajo de aprender la lección de la santidad de Jesús, cuyo corazón era manso y humilde. La primera lección de ese corazón es un examen de conciencia; el resto, el amor y el servicio, lo siguen inmediatamente. El examen no es un trabajo que hacemos solos, sino en compañía de Jesús. No debemos perder el tiempo dando inútiles miradas a nuestras miserias sino emplearlo en elevar nuestros corazones a Dios para dejar que su luz nos ilumine. Si la persona es humilde nada la perturbará, ni la alabanza ni la ignominia, porque se conoce, sabe quié...

Humildad

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Oh Jesús, cuando estabais en la tierra como viajero, habéis dicho: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso.» Oh poderoso monarca de los cielos, sí, mi alma encuentra reposo viéndoos revestido bajo la forma y naturaleza de esclavo(Fl 2,7),abajándoos hasta lavar los pies a los apóstoles. Es entonces cuando me acuerdo de estas palabras que habéis pronunciado para enseñarnos a practicar la humildad: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis; el criado no es más que su amo. Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica» (Jn 13, 15-17). Comprendo, Señor, estas palabras salidas de vuestro corazón manso y humilde, las quiero practicar con la ayuda de vuestra gracia. Quiero abajarme humildemente y someter mi voluntad a la de mis hermanas, no contradecirlas en nada y sin examinar si ellas tienen o no derecho a mandarme. Nadie, Amado mío, tenía ese derecho sobre Vos, y s...