Tú crees en mí
Lo que n nuestra vida aparece como desastroso, resulta para bien. Dios conduce todo para nuestro provecho. Nuestros esfuerzos por vivir coherentemente como cristianos nunca quedarán sin recompensa, aunque no sepamos cuál será el momento. Hoy es Jesús el que pone en apuros a sus interlocutores. En el salmo 109 que se atribuía a David, éste le llama «Señor» a su descendiente y Mesías. ¿Cómo puede ser hijo y a la vez señor de David? La respuesta es sencilla, el Mesías, además de ser descendiente de la familia de David, sería también el Hijo de Dios, sentado a la derecha de Dios. Pero eso no lo podían reconocer. Jesús de Nazaret, el Mesías, el hijo de David, es el Señor, el Hijo de Dios. Nosotros no sólo sabemos responder eso, sino que hemos programado nuestra vida para seguirle fielmente, y aceptar su proyecto de vida, vivir y pensar como él. En eso consiste sobre t...