Paradojas
¿No os ha pasado alguna vez que con una paradoja habéis entendido mejor lo que alguien os quería transmitir?
Quizá pueda ser este uno de esos casos. Jesús quiere incendiar el mundo, pero el suyo no es un fuego destructor, sino su luz, su vida, su Espíritu.
Y a la vez la "división" que provoca, porque la opción que cada uno de nosotros haga, aceptándole o no, crea situaciones de contradicción en una familia o en un grupo. No se puede quedar uno neutral ante él y su mensaje. El evangelio no deja a nadie indiferente.
Jesús lleva dentro un fuego que le hace caminar hacia el cumplimiento de su misión y lo anuncia para que otros se decidan a seguirle. Jesús es humilde, pero apasionado , y por eso sube decidido a Jerusalén, a entregarse por nosotros.
Pidamos a María que cada Eucaristía que celebramos y la Palabra que escuchamos nos calientan en ese amor que consumió a Cristo para ser sus testigos en el mundo.
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