Uno como tú

El salmo haciendo eco a la primera lectura, dice: «tus palabras son espíritu y vida». Al hilo de lo que comentaba ayer, la liturgia de hoy nos sigue animando a la perseverancia.

Pero hoy nos da un motivo mucho más fuerte y especial para que nuestro ánimo no decaiga: la presencia de Jesús como nuestro Mediador y Sacerdote.

Muchas veces sentimos nuestra debilidad, nuestra impotencia ante las dificultades e incluso parece que el Señor ya no está de nuestra parte, que hay demasiadas cosas en contra que no nos ayudan a vivir confiados en Él. Pero tenemos un Sacerdote que conoce todo esto, que sabe lo frágiles que somos y, lo mejor de todo, es que lo sabe por experiencia. Eso nos debe llenar de  confianza.

Jesús, por su muerte, ha entrado en el santuario del cielo y está ante el Padre intercediendo por nosotros. Es «capaz de compadecerse de nuestras debilidades, porque ha sido probado en todo exactamente como nosotros, menos en el pecado».

Los que nos ponemos cada día a la luz de la Palabra viva y penetrante de Dios, dejémonos  iluminar por dentro. Dejémonos acariciar y consolar por Él. Dejemos que nos invite a discernir nuestro modo de vivir. Dejemos que alimente y sostenga nuestra fe.

Recuerda hoy que tienes un Mediador, que  te conoce, que sabe lo difícil que es a veces tu vida. Recuerda que Él experimentó el cansancio y el trabajo, la soledad y la amistad, las incomprensiones y los éxitos, el dolor y la muerte. Recuerda que se com-padece de ti porque te quiere tanto que se ha acercado hasta la raíz de tu ser, haciéndose uno como .

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