Querer y no poder
Pedro es todo un símbolo del querer y no poder, de la generosidad del corazón, pero también de la negación. En el evangelio somos testigos privilegiados de su proceso personal, y es para nosotros un modelo de fe y de seguimiento.
Mirando a Pedro descubrimos que el camino del seguimiento no es fácil, que está lleno de altibajos, pero siempre hay que tener la mirada puesta en Jesús.
Jesús mismo no eligió ni llamó a su seguimiento a superhombres. Pedro era pescador, pero portador de un gran corazón y es ahí donde el Maestro dirige su llamada. El corazón de Pedro sabe responder con generosidad, a pesar de sus debilidades.
Pedro ha sentido algo especial ante la mirada de Jesús, ante sus palabras y ese estilo tan propio, capaz de acercarse a los "impuros" de su tiempo. Ahí descubre ese “algo” especial de Jesús, al que no se puede resistir.
Y es que lo que Jesús ofrece es algo completamente distinto: un Dios distinto, cercano, a quien llama Abbá; una humanidad donde nadie es excluido, y el mismo Maestro es quien invita personalmente a entrar en esa dinámica nueva de vida, a la que llama Reino de Dios.
Esta experiencia le llevará a confesar: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
Y desde esta experiencia vivida, llega la misión: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".
Y es que una vez que ha tenido lugar la experiencia del encuentro con Jesús todo cambia. Cuando el amor de Jesús entra en tu vida, todo es posible, hasta lo que parecía una locura.
Pidamos especialmente en este día por el Papa Francisco, sucesor de Pedro.
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