El signo del amor
Jonás aparece en la Cuaresma no precisamente como modelo de creyente ni de profeta. Nínive era una ciudad pecadora y Jonás teme el fracaso en su misión. Además, se enfada ante la misericordia de un Dios que no va a castigar a los ninivitas.
Los habitantes de Nínive hicieron caso a la primera a la voz del profeta Jonás y se convirtieron.
Jesús se queja de sus contemporáneos porque no han sabido reconocer en él al enviado de Dios.
Nosotros escuchamos la palabra de uno mucho más sabio que Salomón y mucho más profeta que Jonás, ¿la acogemos en nuestra vida?
¿Nos sentimos invitados a la conversión a la que nos llama la Cuaresma de este año?
La palabra de Dios nos señala caminos concretos: un poco más de control de nosotros mismos (ayuno), mayor apertura a Dios (oración) y al prójimo (caridad). ¿Hemos buscado ya el nuestro?
Pidamos al Señor que nos haga comprender cada vez mejor el signo de Jonás, el amor que vence al mundo y a la muerte.
Comentarios
Publicar un comentario