Él está conmigo

Jeremías aparece hoy como figura de Jesús en su camino de la cruz. A pesar de su dramática situación personal, en él vence la oración confiada en Dios: «el Señor está conmigo... mis enemigos no podrán conmigo... el Señor libró la vida del pobre de manos de los impíos».
Los enemigos de Jesús quieren de nuevo apedrearlo. Una vez más el tema clave de la blasfemia. Su «yo soy» escandaliza. Los razonamientos de Jesús están llenos de referencia a la Palabra: «¿por cuál de las obras buenas que he hecho me queréis apedrear?», «¿no está escrito en la ley (salmo 82,6): sois todos dioses, hijos del Altísimo?».
Tal vez en nuestra vida conocemos lo que es el dolor, el sufrimiento. Quizá mientras leemos este pequeño comentario nos viene a la cabeza nuestra propia situación, lo que estamos viviendo. A lo mejor hemos fracasado en varios proyectos, o sufrimos por la situación de nuestra familia o nuestra comunidad, quizá estamos a punto de dejarnos vencer en nuestra lucha contra el desaliento porque hemos dejado de ver una salida.
Pidamos hoy, una vez más,el don de la confianza y digamos: «en el peligro invoqué al Señor y me escuchó... yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza, mi roca, mi libertador... desde su templo él escuchó mi voz y mi grito llegó a sus oídos». Apoyémonos en la confianza que tuvo Jeremías, en la que tuvo Jesús, que experimentó lo que es sufrir, pero se apoyó en Dios su Padre y no quedó defraudado. Vivamos en la certeza de que si participamos en su dolor, participaremos también en su victoria.

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