Yo soy

En el desierto abundan las serpientes, todo un peligro para el pueblo de Israel, peregrino en él. Una plaga mortal fue interpretada como castigo de Dios por los pecados del pueblo. Mirar a una serpiente mandada levantar por Moisés podía entenderse como un reconocimiento del propio pecado,un volver al Señor e invocar su ayuda. No salva mágicamente, sino por la fe, lo que el salmo de hoy nos invita a decir: «Señor, escucha mi oración, que mi grito llegue hasta ti, no me escondas tu rostro el día de la desgracia».

El NT  interpreta la serpiente como figura de Cristo en la Cruz; él nos cura y nos salva, cuando le miramos, especialmente cuando es elevado en la cruz en su Pascua.

Estamos ante el tema central del evangelio de Juan: ¿quién es Jesús? El mismo responde: «yo soy de allá arriba... yo no soy de este mundo... cuando levantéis al Hijo del Hombre sabréis que yo soy».

Los que crean en él se salvarán. Y al revés: «si no creéis que yo soy, moriréis en vuestro pecado».

Nos estamos preparando para celebrar la Pascua de Jesús, le miraremos en la Cruz con fe, reconociendo el "Yo soy" que pronunció tantas veces y con el que afirma su divinidad.

Fijemos los ojos en el Hijo enviado por el Padre a nuestra historia y que da sentido a nuestra vida y nos salva del pecado y de la muerte. En Él tenemos el alimento que boda fuerza para todas las luchas que tenemos a diario, en Él la curación de los males que nos acechan.

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