Permanece en mí
Como la vida de Pablo y Bernabé, la nuestra también experimenta momentos de éxito y momentos de fracaso. Algunos de ellos pretenden quitarnos nuestra paz interior y debilitar nuestra fe.
En otros, tendremos que estar atentos para no caer en la tentación de "endiosarnos" perdiendo de vista que lo nuestro es llevar a los demás a Jesús.
Jesús nos invita en el Evangelio a una comunión de vida con Él. Hace su morada en nosotros, nos convertimos en templos de Dios y de su Espíritu.
Nos invita también a permanecer atentos al Espíritu, nuestro verdadero Maestro interior, nuestra memoria: el que nos va revelando la profundidad de Dios, el que nos conecta con Cristo.
Cuando celebramos la Eucaristía y recibimos a Jesús como alimento de nuestra vida, se hace realidad esa mutua permanencia de vida y de amor.
Pidamos al Señor que permanezcamos siempre en Él.
Comentarios
Publicar un comentario