Tener vida
Una vez más la iniciativa de Jesús nos sorprende eligiendo como Apóstol a quién menos hubiéramos esperado, un perseguidor de los suyos. Pablo acoge con generosidad y firmeza la llamada del Maestro. El encuentro con el Resucitado transforma su vida, que dedicará al anuncio del Evangelio.
Cabría preguntarse si, como Jesús, sabemos dar un voto de confianza a las personas o si respondemos a las llamadas del Maestro con la misma prontitud que Pablo.
Llegamos,en el Evangelio,al final del discurso del Pan de la vida, Jesús habla de comer y beber la Carne y la Sangre que va a dar para la vida del mundo en la cruz.
Dos versículos nos describen las consecuencias que la Eucaristía va a tener para nosotros, según el pensamiento de Cristo: «el que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí y yo en él» . Y añade: «el Padre que vive me ha enviado y yo vivo por el Padre: del mismo modo, el que me come vivirá por mí». La unión de Cristo con su Padre es única, vital y profunda. Así quiere que sea la de los que le reciben y le comen.
«Tener vida» no es una frase hecha. A medida que celebramos la Eucaristía y en ella participamos de la Carne y Sangre de Cristo, estamos más fuertes en nuestro camino de fe, en nuestra lucha contra el mal.
Pidamos al Señor, a quien recibimos como alimento, que nos dé su vida, su fortaleza, para vivir como seguidores suyos día tras día, como hizo Pablo.
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