Arriesgando

Hoy, Jesús, usa una imagen de radicalidad, aguda y provocadora que sacude nuestra natural tendencia a acomodarnos y a ceder a la sutil tentación de cambiar su voz por nuestras propias palabras.


Nos sitúa una vez más en el camino correcto del amor, a implicarnos del todo y con todos, arriesgando y poniendo a Dios en primer lugar, dejando que brote así la verdadera fraternidad.


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Nadie como María, a la que hoy celebramos en su advocación del Carmelo, vivió con mayor intensidad el amor de Dios en su vida. Nadie como Ella es para nosotros ejemplo del amor y la fidelidad que Dios espera de su pueblo.


Aprendamos de Jesús y de María a vivir no una religiosidad legalista y ritualista, sino una fe auténtica que nos impulse a vivir una auténtica relación con Dios y con los hermanos basadas en la bondad, la justicia y en la misericordia.

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