¿Qué pides?


Contemplamos hoy la escena del ciego de Jericó, y en ella podemos 
vernos reflejados de varias maneras. 

Ante todo, porque solo recobramos la luz cuando nos acercamos a Jesús, y nunca agradeceremos bastante la luz que Dios nos ha regalado en Él. Con su Palabra, nos enseña sus caminos e ilumina nuestros ojos para que no tropecemos. 

Quizá podamos estar atravesando un momento malo y nos sale espontáneamente la oración que le dirigió el ciego: "Señor, que vea otra vez".

"Lo que pide el ciego al Señor, no es oro, sino luz. No le preocupa solicitar otra cosa más que luz… No pidamos al Señor ni riquezas engañosas, ni obsequios de la tierra, ni honores pasajeros, sino luz: No la luz circunscrita por el espacio, limitada por el tiempo, interrumpida por la noche, con la que compartimos la vista con los animales, pidamos esta luz que sólo los ángeles ven como nosotros, que no tiene principio y ni fin". (San Gregorio Magno)

También podemos preguntarnos qué hacemos para que otros recobren la vista. ¿Podemos contarnos entre quienes ayudan a otros a enterarse de que está pasando Jesús? O, ¿somos de los que no quieren oír los gritos de los que buscan luz y ayuda? Quizá aún nos falta mucho para imitarle en su actitud de atención a los ciegos que hay al borde del camino y sea hoy una buena ocasión para aprender del Maestro a saber pararnos y ayudar al que está en búsqueda, al que quiere ver. Quizá también a ser conscientes de los "ciegos" que buscan y no encuentran están más cerca de lo que pensamos: un hijo, un hermano, un amigo...Me pregunto ¿les ayudo, les llevo a Jesús, al que es Luz del mundo?


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