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Subir y bajar

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Dios nos ha enviado a su propio Hijo para que quienes entremos en comunión de vida con Él, por medio de la fe, vivamos como hijos de Dios. Jesús se ha convertido para nosotros como en la Escalera Santa por la que podemos llegar a poseer todo lo que nuestro Padre h a prometido a los que lo aman.  Fuera de Jesús no hay otro Camino que nos haga conocer el amor de Dios. No podemos pretender convertirnos en mensajeros de la Buena Nueva, si antes no subimos a Dios mediante la oración, meditación y experiencia de su Palabra. Sólo de la intimidad con Él brota el testimonio. Que Dios nos conceda, por intercesión de la Santísima Virgen María y de los santos Arcángeles que hoy celebramos, la gracia de tener una fuerte experiencia personal de Cristo en nosotros, de tal forma que seamos portadores del amor misericordioso que Dios quiere que llegue a todos los hombres.

Una vida en Alianza

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Solemos sentirnos más atraídos por lo material que por lo espiritual, por lo cómodo y fácil que por aquello que supone algún tipo de esfuerzo. Todos estamos sumergidos en algún tipo de renovación ya sea en lo personal o en lo social. No descuidemos los valores religiosos y éticos que son parte fundamental de nuestra vida. La palabra nos invita a renovar la actitud de una vida en Alianza con Dios y las costumbres coherentes con ella. De no dejarnos llevar por intereses materialistas, sino de cuidar los valores humanos y religiosos, según el proyecto de Dios.

Desprendidos

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Jesús exige el desprendimiento de los suyos. Nos invita a ser libres interiormente, a vivir sin demasiado equipaje. Un seguidor de Jesús no se busca a sí mismo, es ejemplo de desapego, se fía más de la fuerza de la palabra y de la misericordia de Jesús que de todas las seguridades técnicas de las que nos podamos rodear.   Un seguidor de Jesús no va a «lo suyo», sino que asume el estilo de vida del Maestro. Un seguidor de Jesús tiene claro que él no es quién salva el mundo, sino sino un misionero que allí donde está contagia la fuerza salvadora del Resucitado y de su Espíritu.

Reconstruir

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En nuestra vida y en la de cada comunidad son necesarios ánimos para una reconstrucción ilusionada cuando nuestra vida de fe se ha empobrecido. En ese momento deseamos que Dios nos dé la fuerza para rehacernos. Nada se reconstruye sin esfuerzo y sacrificio,  como les costó a aquellos de los que volvieron del destierro. Ojalá también hoy se eleven voces como las de Ageo y Zacarías, que  nos inviten a recapacitar y a no dejar perder los valores que nos constituyen.

Aprendiendo de los más débiles

Quiero compartir con vosotros algunas pequeñas enseñanzas que estoy guardando como «tesoros» ahora que comparto mi tiempo con alguien muy especial. Los enfermos tienen mucho que enseñarnos si sabemos ir más allá de nuestra impaciencia, si nos paramos a escuchar mientras aún son capaces de mantener una conversación. Hoy traigo una lección aprendida «nunca te niegues a ayudar a alguien aunque otros te presionen para no hacerlo». Feliz finde a todos