Y tú, ¿por qué velas?
Se puede velar por muchos motivos, pero el más importante es por el deseo del esposo que está por venir.
El Evangelio de hoy nos recuerda que todos flaqueamos en la espera. La fiesta de bodas a la que somos invitados sucede cada día en los pequeños encuentros con el Señor. Él nos da continuas ocasiones para saberlo descubrir y nos prepara para que no falte el aceite en nuestra lámpara. En cada Eucaristía Él nos proporciona la luz y la fuerza que necesitamos para el camino.
A veces puede ocurrirnos que busquemos otros aceites aparentemente más poderosos, pero al final nos dejan sumergidos en la oscuridad de la noche.
Pidamos a María que nos ayude a amar el aceite de su Hijo y a no quemar la lámpara de nuestra vida con otros combustibles.
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