El signo mejor

Los paganos de Nínive supieron reconocer la voz de Dios en la predicación de Jonas. El pueblo elegido, no. Parece resonar de nuevo  la queja del prólogo del evangelio de Juan: "vino a su casa y los suyos no le recibieron' (Jn 1,11).

Quizá podamos vernos reflejados aquí, reconocer que muchas veces nuestro afán de cosas espectaculares y sensacionales, es también insaciable, como el de los judíos que exigen señales a Jesús.

O también podemos sentirnos aludidos los "de casa", los más cercanos, buscando un signo claro y milagroso ante incomprensiones, decepciones,cansancios...

El signo mejor que nos ha concedido Dios es Cristo mismo, su persona, su palabra.

El sábado afirmaba Jesús que los verdaderos discípulos son los que "escuchan la Palabra y la cumplen". Nosotros la escuchamos con frecuencia: pero ¿se puede decir que la ponemos en práctica a lo largo de la jornada?

Pidamos a María que nos ayude a meditar estas cosas en el corazón, como hizo Ella, hasta llegar a pronunciar nuestro "hágase" en lo ordinario de nuestra vida.

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