La oscuridad no puede conjugarse con la luz

Hoy la carta de Juan me cuestiona: ¿camino en la luz? ¿he abandonado la oscuridad en mi vida?

En la noche de Navidad hemos contemplado el amor de Dios, al enviarnos a su Hijo, y esto pide de nosotros una conducta coherente, vivida con profunda alegría y sin dobleces. Porque la oscuridad no se puede conjugar con la luz.

También el evangelio de hoy me interpela. Veo a José y María que  empiezan a experimentar que los planes de Dios exigen una disponibilidad total.  La huida y el destierro no tienen nada que ver con los idílicos "belenes" que ponemos en nuestras casas y parroquias.

El sacrificio de los niños inocentes y el dolor de sus madres siguen siendo símbolo de tantas personas tratadas injustamente y sufren sin ninguna culpa.

Hoy son muchos los cristianos perseguidos, incluso torturados o asesinados a causa de su fe, ¿sabemos apreciar la lección de reciedumbre que nos dan?

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