A nuestro favor

Jesús, no necesita ofrecer sacrificios cada día, ni ofrecerles por sus propios pecados, ni ofrecer sacrificios de animales como hacían los sacerdotes del Templo.

En el salmo de hoy escuchamos:  «Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, no pides sacrificio expiatorio: entonces yo digo, aquí estoy para hacer tu voluntad». Por eso, «Jesús puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor».

Eso es Jesús para nosotros, un Sacerdote santo, que vive y está siempre intercediendo por nosotros. Un Sacerdote que en cada misa actualiza para nosotros su entrega de la Cruz y nos hace entrar en esa misma dinámica, invitándonos a ofrecer a Dios nuestra vida. Un Sacerdote que en el sacramento de la Reconciliación nos comunica su victoria contra el pecado. Que en la oración litúrgica nos une a su alabanza al Padre y a su súplica por este mundo.

Pidamos a María que nos dejemos llenar de confianza ante esta realidad que hoy se nos hace patente y nos ayude a vivir en intimidad con Jesús.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Adviento, tiempo de humildad

Como en tiempo de José