Dios presente dentro de una realidad de miseria

Vemos a Jesús colocarse al lado de los pecadores; se mezcla, se confunde con ellos. No se pone por encima. Jesús se solidariza con los pecadores.

El signo que ofrece es de una gran fuerza: Dios está presente dentro de una realidad de miseria. El Amor está presente incluso allí donde hay pecado. Dios no se cansa de ofrecer su don.

Jesús ha venido precisamente por los pecadores. Desde el principio va a buscarlos.

A pesar de las críticas que recibió, nunca vaciló en mezclarse con los pecadores, contagiándolos con su presencia; llenándolos de luz, de esperanza, de misericordia.

Los cielos se abren y permiten que se asome la mirada compasiva de Dios sobre la humanidad.

El Padre, a través de su Hijo «amado», invita al hombre a emprender un nuevo éxodo hacia la liberación y la salvación.

Quizás sea hoy un buen día para tomarnos un tiempo y recuperar la necesidad de escuchar de nuevo esa voz, cuando nos dirige la invitación a unirnos con él para comenzar de nuevo.

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