En tus manos

Nadie se salva a sí mismo. Cualquier esfuerzo que pudiéramos hacer para intentar conseguir la salvación sólo con nuestras fuerzas fracasaría. Es Jesús quien nos ha salvado y el que sigue  intercediendo por nosotros. Él ha  asumido nuestra debilidad y nos reconcilia continuamente con su Padre.

Los sacerdotes participan del sacerdocio de Cristo. Nuestras iglesias y capillas son imagen simbólica del verdadero Templo, el mismo Jesús,  en el que sucede nuestro encuentro con Dios. Los sacrificios que hacemos, incluida la ofrenda que cada día hacemos de nuestra vida a Dios son participación del sacrificio de Cristo.

En cada Eucaristía entramos en ese movimiento de entrega de Jesús, nos sumamos a su sacrificio único, colaborando así a nuestra salvación y a la del mundo.

Pidamos al Señor saber dejarnos cada día más en sus manos.

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