Uno de los nuestros
Leyendo la carta a los Hebreos una no puede menos que conmoverse ante dos cosas, la superioridad de Jesús sobre todo lo creado y su solidaridad con la raza humana.
El Hijo predilecto del Padre ha querido hacerse hermano nuestro. No se avergüenza de llamarnos hermanos. Nos ama y nos anuncia la salvación como a hermanos. «El santificador y los santificados proceden todos del mismo», son de la misma raza.
Pero si hay algo que conmueve hasta las entrañas es que «consagrado por los sufrimientos», habiendo experimentado lo que es sufrir, incluida la muerte, nos ha salvado desde dentro. Nada de lo nuestro le es ajeno y esto debe irnos llenando de confianza.
Hoy, cuando recemos el Padrenuestro, tengamos presente esta realidad, sintámonos hijos del mismo Dios y hermanos los unos de los otros, porque Jesús ha querido hacerse hermano nuestro hasta las últimas consecuencias.
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