Ofrece
El Eclesiástico nos plantea hoy el deseado equilibrio entre las dos dimensiones en la vida de todo creyente, la liturgia y la caridad.
Enumera diversas clases de sacrificios: los de comunión, los de flor de harina, los de alabanza, los de expiación. Recomienda que se hagan las ofrendas que recomienda la ley: «no te presentes a Dios con las manos vacías», «el sacrificio del justo es aceptado» por Dios. Estas ofrendas son de gran valor si se hacen de buen grado: «Honra al Señor con generosidad ... cuando ofreces, pon buena cara». Dios no se dejará ganar en generosidad: «El Señor sabe pagar y te dará siete veces más».
Pero a la vez afirma que lo principal no son los sacrificios rituales, sino la ofrenda total del creyente. A Dios le agradan los ritos externos si a la vez tenemos una actitud de acción de gracias, compartimos lo que somos y tenemos damos limosna y nos apartamos del mal y la injusticia.
Está bien que ofrezcamos cosas. Pero sobre todo debemos ofrecernos nosotros mismos, como hizo Jesús, que se entregó a sí mismo en el altar de la cruz y sigue dándose a nosotros en cada eucaristía. Además, hacerlo sin aparentar, sin llamar la atención, con la humildad que caracteriza a los que alaban al Señor.
Pidamos al Señor que nos conceda vivir en este equilibrio.
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