Acuérdate que eres polvo y como polvo volverás a Dios
Comenzamos el tiempo de Cuaresma. El rito de la imposición de la ceniza quiere expresar, al inicio de este tiempo, penitencia, expiación por el pecado.
"El hombre-polvo" es aquel que se ha alejado de Dios, que ha rechazado el diálogo, el amor del Padre, para caminar solo siguiendo una senda de desilusión y de muerte. "El hombre-polvo" es el hombre que se enfrenta a Dios, da la espalda a su propio ser y se condena a la nada.
Pero en este camino de alejamiento hay una posibilidad de retorno. Es posible cambiar de dirección y volver a la fuente, al origen.
"Acuérdate que eres polvo y como polvo volverás... a Dios". Con tal que quieras.
Me he equivocado. He tomado otro camino. He perdido el Reino. He comprometido a otros en mi pecado.
Pero cuando me creía perdido, vuelvo a condición de... polvo. Y él se inclina sobre este polvo para darle el aliento de vida. Así mi "nada" es tocada por su plenitud divina.
De la ceniza salta una chispa de vida. Y vuelve el esplendor del rostro de un hijo de Dios.
Todo comienza de nuevo. Puede ser "nuevo" si acepto, no el fin, sino el principio, la humildad de un puñado de tierra en las manos de Dios. Un poco de tierra dispuesta a recibir el "aliento". Y convertirse así, de nuevo, en un hijo.
La cita con la ceniza es fundamentalmente, es cita con la vida.
¡Feliz Cuaresma!
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