Da tú el primer paso
Ezequiel personaliza hoy claramente tanto el pecado como la conversión y nos invita a pensar en que cada uno es responsable de sus propias actuaciones: no vale echar la culpa a la sociedad o a los otros.
Por parte de Dios una cosa es clara: lo suyo no es castigar y estar espiando nuestra falta, Él sólo quiere que todos se conviertan de sus caminos y vivan, y está siempre dispuesto a acoger al que vuelve a él.
Jesús nos propone que nuestra santidad sea más perfecta que la de los fariseos y letrados, ir más allá de apariencias y superficialidades. Nos invita a la conversión de las actitudes interiores, además de los hechos exteriores: los juicios, las intenciones, las envidias y rencores.
«Ve primero a reconciliarte con tu hermano». No esperes a que venga él: da tú el primer paso. Cuaresma no sólo es reconciliarse con Dios, sino también con quien tenemos al lado.
Pidamos a María que nos enseñe a encontrar ocasiones para ser generosos en la entrega a quienes están a nuestro lado en el quehacer de todos los días y a ser conciliadores.
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