Un agua que sana
En este martes de nuestro camino cuaresmal aparece el agua, que cura y salva;un recuerdo de nuestro Bautismo, que tendrá su actualización más plena en la Vigilia Pascual.
Las aguas que brotan del Templo, que vienen de Dios, purifican y sanan todo a su paso, volviendo fértiles los campos y llenando de vida el mar muerto.
La piscina de Betesda tenía aguas medicinales. Pero a aquel pobre hombre paralítico nadie le ayudaba a llegar al agua. Cristo le cura directamente. Una vez más algunos reaccionan mal ante el milagro realizado en sábado.
Jesús es el agua viva. Él quiere regar nuestra tierra para que produzca fruto abundante. Si dejamos que su agua inunde nuestras vidas brotará vida allí donde nosotros ya lo hemos dado todo por perdido, por muerto.
Muchas veces nos sentimos como el paralítico, incapaces de movernos por nosotros mismos hacia la fuente de la vida, y cuánto nos ayudan su palabra, su gracia, sus sacramentos, su Eucaristía, la ayuda de los hermanos, la oración personal y la oración de los amigos a encontrar la curación y la respuesta a nuestros interrogantes.
Pidamos al Señor saber dejarnos sanar por su agua de esas parálisis que impiden un verdadero encuentro con Él. Que nos ayude a salir de nosotros mismos y poder acercar a otros a la única fuente de vida que es Él.
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