Un camino de subida

Jeremías es una figura impresionante de la pasión de Jesús.

En el evangelio vemos a Jesús «subiendo a Jerusalén». Iba a ser entregado y condenado, a morir por la humanidad y a resucitar. Este es el tercero de los anuncios que hace de su pasión a sus discípulos, que no entienden o no quieren entender. «El Hijo del hombre ha venido a dar su vida por muchos».

La madre de Santiago y Juan pide para sus hijos los puestos de honor.
Los criterios de aquellos apóstoles eran los criterios de este mundo: el poder, el prestigio, el éxito. Mientras que los de Cristo son la entrega y el servicio.

No nos suele gustar el camino de la subida. A Jeremías le hubiera sido mucho más cómodo renunciar y quedarse en su pueblo. A Jesús le hubiera ido mucho mejor si no hubiera denunciado a las clases dirigentes de su tiempo.

Pero el camino de la Pascua es camino de subida, de imitación de un Cristo que se entrega totalmente, que nos enseña a no buscar los primeros puestos, sino a ser los servidores de los demás, cosa que a los ojos de este mundo parece ridícula.

En la Eucaristía comulgamos a Jesús, el «cuerpo partido», el que «ha derramado su sangre por todos». Pidámosle ir aprendiendo de él esa actitud de entrega.

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