Una palabra tuya
Desde hoy hasta Pascua, leemos al evangelista Juan, que nos pone como modelo de lucha contra el mal, el camino de Jesús.
El profeta anuncia, en la primera lectura, la vuelta del destierro, donde todo será alegría y felicidad. Dios quiere la felicidad del hombre y de la sociedad, su equilibrio y armonía, como los creó.
Jesús, en Caná, cura al hijo de un funcionario real de Cafarnaún, un extranjero con mayor fe que los judíos. Jesús camina hacia la muerte y la resurrección y va comunicando a otros la salud, la vida, la alegría.
Es Dios quien toma la iniciativa una vez más, quién desea que esta Pascua sea una verdadera primavera para nosotros. Jesús quiere salvarnos y liberarnos de toda tristeza y esclavitud, y perdonarnos todas nuestras faltas. Si tenemos fe.
Cada vez que nos acercarnos a la mesa eucarística decimos siempre una breve oración llena de humildad y confianza: «no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme». Es la misma actitud de fe del funcionario de hoy. Y ojalá se convierta en una actitud vital.
¿Dejaremos a Jesús "hacer milagros" en nosotros? También en mí hace falta la conversión, una nueva creación; también yo anhelo cantar: «te ensalzaré, Señor, porque me has librado».
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