Mateo, el don de Dios

Cuántas veces habremos escuchado, leído, meditado el texto de la palabra que se nos propone hoy. Una vez más, resuena con claridad en nuestro corazón: no te preocupes, no tengas miedo, ¡sígueme!

Un sígueme que abre la esperanza a quién busca un camino de la curación; un sígueme  que serena a quién se siente perdido;  un sígueme que acoge a quién se siente vulnerable y asustado.

Hoy podría ser un buen momento para recordar ese instante en el que escuchamos por primera vez esa palabra en lo más hondo el momento a partir del cual comenzó una nueva vida para nosotros. El momento, en el que, como Mateo, nos convertimos en "el don de Dios", el que regala a todo el mundo. Así de grande y así de sencillo.

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