Nos dices que seamos compasivos como el Padre es compasivo. Una meta un poco alta. Para eso es necesario reconocer humildemente cómo nos has tratado, tu ternura, tu paciencia, tu misericordia... y hacer lo mismo en pura gratuidad.
Nos invitas a no juzgar, a no condenar, a tomar la iniciativa en eso de hacer el bien, en pronunciar la primera palabra que construya y cree vida.
Enséñame, Señor, de compasión.
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