Increíble abandonar
Dios se revela a los sencillos, a los niños y a los pecadores. Sólo la sencillez quita de nuestra mirada el filtro del juicio y hace que veamos la realidad con ojos de acogida y de ternura, abiertos al plan de Dios.
Nuestro mundo nos exige cualidades y competencias en tantos ámbitos que acabamos convirtiéndonos en personas complicadas, autosuficientes y corremos el riesgo de vivir no necesitando a Dios.
Jesús se ocupó de los más pobres, compartió su vida con ellos, nos mostró el rostro de Dios en ellos, recriminó a los poderosos de su época el trato injusto que les dispensaban. Me preguntaba si nosotros hoy somos también ese megáfono que sacuda a unos gobernantes sordos ante tanta necesidad en nuestro mundo.
En Jesús conocemos cómo es Dios realmente, en sus palabras, en sus gestos, actitudes, elecciones. Dejémonos empapar no sólo por lo que dice, sino también por como actúa y busquemos modos de imitarle, con su ayuda.
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