El llanto de Raquel

En el llanto de Raquel podemos reconocer el grito de tantas víctimas inocentes en nuestro mundo de hoy. Quizá hasta podríamos preguntarnos si sigue valiendo la pena confiar en Dios y en la humanidad en un mundo donde los más vulnerables, los niños, siguen sufriendo tanto en tantos sitios. Niños inocentes que pagan en su carne las injusticias de los adultos... incontables... innombrables...

De nuevo el Evangelio plantea una paradoja en nuestra vida, al menos a mí me lo sugiere. Herodes que pretende eliminar la vida al sentirse amenazado y, José, que cuida y protege. Una sutil línea a veces, aferrarnos a lo que hemos conquistado sin importar quien sufra a nuestro lado o cuidar, como don, aquello que nos ha sido confiado. 

Y no sé si soy muy atrevida, pero creo, que en el grito de Raquel se escucha el grito de dolor del mismo Dios, que sufre con cada inocente y que clama para que, a ejemplo de José trabajemos humildemente al lado de los que sufren y cuidemos como podamos la vida amenazada. 
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